La dificultad para llevar a buen término las desinversiones reduce el flujo de dinero que llega a los nuevos vehículos. La incertidumbre geopolítica y el ‘shock’ energético apuntan a que se cerrará el segundo peor año en un lustro
El private equity se enfrenta a un problema estructural de captación de dinero fresco. Los lanzamientos de vehículos que se venden a pequeños inversores se multiplican, tengan o no liquidez permanente, como ocurre con los denominados fondos siempre abiertos a suscripciones y reembolsos (evergreen), mientras la venta de activos se frena, debido a las discrepancias en el precio entre vendedores y compradores. En el primer semestre, solo se cerraron siete vehículos en España con un total de 544 millones de euros, según la consultora especializada en mercados privados PitchBook. Esta cifra apunta al segundo peor registro anual en un lustro, solo por encima de los 1.075 millones de 2023.
Es un secreto a voces que las desinversiones en el capital riesgo no se producen ni al ritmo ni a los precios deseados por las gestoras. Es un atasco que entorpece el retorno del dinero a los inversores, lo que provoca, a su vez, que estos carezcan de efectivo para inyectar en los nuevos fondos. Es decir, los problemas se retroalimentan. A partir de septiembre, se decidirá el futuro de varios procesos de venta de compañías españolas en manos del private equity, como Gallo (ProA), Evolutio (de Portobello, y que se lanzará previsiblemente en octubre) o Deoleo (Alchemy y CVC), después de que otras transacciones hayan sido paralizadas sine die ante la falta de compradores a los precios deseados. Son los casos de Empark, Cubico, Legálitas o Restaurant Brands Europe (RBE), dueño de Burger King en España.






