En el imaginario colectivo, el acné se asocia a un peaje biológico circunscrito a la adolescencia. Se vincula con la efervescencia hormonal de la pubertad, la agitación emocional y la aparición de sebo en las zonas centrales del rostro. Sin embargo, las consultas dermatológicas y los centros de estética reciben cada vez más a personas maduras, con especial predominio de mujeres mayores de 60 años, que refieren la aparición de comedones, poros dilatados, pápulas enrojecidas y lesiones inflamatorias en el rostro o en el tronco. O sea, de acné, cuando ya hace mucho que dejaron de ser adolescentes.Para comprender la dimensión de eso, es preciso desmontar mitos arraigados. La doctora María Garayar, dermatóloga que ejerce su práctica clínica entre Madrid y San Sebastián, señala que la terminología adecuada para catalogar este fenómeno es la de “acné del adulto o acné de inicio tardío”. Aunque sea una entidad menos frecuente que en la juventud, la doctora aclara que “el acné puede persistir o manifestarse por primera vez a edades muy avanzadas”. Por eso, en la etapa sénior resulta vital analizar el origen del brote, puesto que “es muy habitual que se confunda con otras dermatosis, o con reacciones secundarias a tratamientos médicos”.Lee tambiénPor su parte, el farmacéutico Jerónimo Ors, director de Cosméticos Paquita Ors, suele arrancar sus ponencias recordando que “el acné es como el amor, no conoce edad. Y cuanto más tarde nos ataca, más tiende a trastornarlo todo”. Además, el especialista subraya que “observamos un incremento de casos en mujeres maduras, tanto en periodos pre como posmenopáusicos”. Asimismo, destaca un repunte paralelo de rosácea a partir de los sesenta años, una patología que “comparte ciertos solapamientos estéticos con el acné, aunque requiere un manejo completamente diferente”.Diferencias entre el acné adolescente y el tardíoLas diferencias entre el acné juvenil y el tardío no solo residen en la edad del paciente, sino también en el mapa anatómico sobre el que se desarrollan. Mientras que en los adolescentes los brotes, impulsados por la efervescencia hormonal de la pubertad, toman al asalto la zona T del rostro, comprendida por la frente, la nariz y la barbilla, en las personas mayores se localiza preferentemente en el tercio inferior de la cara, la línea mandibular, el cuello y el tronco.A ello se suma una característica esencial: el estado previo de la epidermis. “La piel madura suele ser más seca, más sensible y con una función barrera más frágil, por lo que tolera peor algunos tratamientos clásicos del acné”, puntualiza la doctora Garayar. La presencia de arrugas de expresión, pérdida de firmeza o hiperpigmentación no actúa como un escudo protector frente a esta dolencia. Los datos reflejan además una brecha de género muy acusada a partir de los 60 años. Un estudio estadounidense publicado en 2014 puso de manifiesto que el acné tardío es bastante raro en la población masculina mayor, mientras que cerca del 22% de las mujeres maduras evaluadas presentaba signos clínicos de esta afección.La causa principal de que una piel madura experimente brotes acneicos reside en una paradoja hormonal. Tras la llegada de la menopausia, la producción biológica de estrógenos y andrógenos cae. Sin embargo, “la caída de los estrógenos es proporcionalmente mayor, lo que genera un predominio relativo de la acción androgénica”, explica la doctora Garayar. “Esto favorece la producción de sebo y puede contribuir a la aparición de lesiones acneicas, sobre todo en la parte inferior de la cara y la mandíbula. No obstante, no todas las mujeres desarrollan acné tras la menopausia, por lo que también influyen factores genéticos y ambientales”, apunta la médica.Sobre ese escenario de desequilibrio químico hace su aparición el agente microbiano clave en esta patogenia, Cutibacterium acnes. Jerónimo Ors describe este proceso indicando que “el acné es, en esencia, el sobrecrecimiento de una bacteria oportunista que se aprovecha de unas condiciones ambientales idóneas en la piel, caracterizadas por el exceso de sebo y un descenso en las defensas inmunitarias locales”. Cuando esto ocurre, se produce una vulneración directa de la epidermis. “Asistimos a una quiebra en el ecosistema de la epidermis. Una especie invasora nos coloniza y sintetiza sustancias tóxicas diseñadas para debilitar nuestro tejido, lo que genera un círculo vicioso de irritación, inflamación y menoscabo de la cicatrización”, comenta Ors.[Tras la menopausia], la caída de los estrógenos es proporcionalmente mayor, lo que genera un predominio relativo de la acción androgénicaMaría GarayarDermatólogaA la ecuación biológica hay que añadir un factor de enorme relevancia en la edad madura: la polifarmacia. “Vivimos en una sociedad profundamente polimedicada”, reflexiona Jerónimo Ors. “Afortunadamente, porque le debemos a la ciencia farmacológica la prodigiosa prolongación de nuestra esperanza de vida. Pero, desgraciadamente, necesitamos fármacos para estar bien, y ninguno es inocuo. Muchos acarrean inevitables efectos secundarios”, apunta el farmacéutico.Ante los granos, repasar la medicaciónLa doctora Garayar coincide al advertir que “ante un brote de aparición reciente en una persona mayor, siempre conviene revisar toda la medicación, incluidos también los suplementos que muchas veces el paciente no considera medicamentos”. Entre las sustancias sospechosas, la dermatóloga destaca que “los corticoides, tanto por vía oral como inyectados y, en ocasiones, tópicos, son una de las causas más conocidas del denominado acné inducido por fármacos”. Además, advierte que hay que tener “ojo con las vitaminas del grupo B, como la vitamina B12 o la B8 como la biotina”. Ors amplía la lista al señalar que “el uso continuado y sostenido de antiinflamatorios tan comunes como el ibuprofeno también altera el equilibrio cutáneo”. Sin olvidar la medicación para el asma, ciertos antibióticos, inmunosupresores y fármacos biológicos.“La aparición de lesiones acnéicas por primera vez después de los 60 años es, en realidad, poco frecuente”, advierte la dermatóloga Cristina Hoyos, dermatóloga médico-quirúrgica y directora del área médica de Clínica Ceta. Por eso, insiste en que, ante cualquier brote en estas edades, “lo primero es confirmar que realmente se trata de acné”, ya que existen la rosácea, la foliculitis o reacciones a fármacos que pueden presentar un aspecto similar. Solo tras un diagnóstico diferencial, añade, “tiene sentido buscar posibles desencadenantes”. La doctora Garayar coincide en que recomienda consultar “cuando el acné aparece por primera vez a una edad avanzada, no responde a los tratamientos habituales, deja cicatrices o es muy inflamatorio”.El acné no solo es cosa de pubertad. Getty ImagesLa complejidad del acné también explica por qué puede aparecer incluso en pieles maduras aparentemente secas. “Aunque solemos asociarlo a la piel grasa, la cantidad de sebo no es el único factor implicado”, señala la Dra. Hoyos, quien recuerda que intervienen procesos como la obstrucción del folículo, la alteración de la renovación celular, la proliferación bacteriana y la inflamación.Con el envejecimiento, la piel pierde hidratación y su función barrera se debilita, pero eso no impide que ciertos folículos se obstruyan, especialmente en zonas como la barbilla o la mandíbula. A ello se suma un error frecuente. “Muchas personas recurren a cremas muy densas u oclusivas para aliviar la sequedad, y si son comedogénicas, pueden favorecer o empeorar el acné”, indica la Dra. Hoyos. De ahí la importancia de optar por fórmulas que respeten el equilibrio de la piel.Mitos y errores sobre pieles madurasFrente a la alarma que genera ver brotar imperfecciones en el rostro a los 60 años, es habitual cometer errores en la rutina diaria. La esteticista Cristina Galmiche, directora de dos centros estéticos en Madrid y Málaga, explica que “el error más frecuente es intentar eliminar el granito en lugar de entender por qué la piel ha perdido su equilibrio. Muchas personas recurren a exfoliantes, cosméticos astringentes o activos demasiado agresivos con la idea de secar el acné. Sin embargo, cuando debilitamos la barrera cutánea, la piel responde con más sensibilidad, más deshidratación y, en muchas ocasiones, con un empeoramiento del problema”.La esteticista subraya que “una piel madura no tiene por qué ser una piel seca, igual que una piel grasa no tiene por qué estar bien hidratada”. Galmiche, que ha desarrollado un método propio para tratar pieles acnéicas a cualquier edad, desmonta también la creencia de que una piel, por tener cierta edad, deba cargarse de aceites o cremas oclusivas. “Otro error muy habitual es pensar que una piel madura necesita cosméticos muy nutritivos solo por la edad. Eso no determina las necesidades de la piel. Podemos encontrar una piel de 65 años con exceso de grasa y otra de 40 con una gran falta de lípidos. La piel no se trata por la fecha de nacimiento, sino por lo que necesita en cada momento”, explica.Es un error pensar que una piel madura necesita cosméticos muy nutritivos solo por la edad; eso no determina las necesidades de la pielCristina GalmicheEsteticistaPor tanto, el abordaje dermocosmético debe huir de los activos secantes o de los tratamientos antienvejecimiento agresivos en la fase aguda del brote. Jerónimo Ors advierte que “no es el momento de recurrir a activos como el retinol, el retinal o el bakuchiol, ya que su potencial transformador incrementaría drásticamente la vulnerabilidad y la sensibilidad de la barrera cutánea. Del mismo modo, resulta imperativo desterrar las emulsiones grasas, pues actúan como combustible que alimenta el sobrecrecimiento bacteriano”. El farmacéutico propone usar la fitoterapia, como la raíz de regaliz, “un ingrediente extraordinario: posee un potente efecto desengrasante, mejora de forma notable la cicatrización y actúa como un bálsamo antiinflamatorio”, sugiere.Para el cuidado diario en el hogar, Cristina Galmiche recomienda huir de rutinas excesivamente complejas. Vemos que muchas personas acumulan sérums, ácidos y activos que terminan saturando su piel. Una rutina eficaz no es la que incorpora más productos, sino la que respeta la fisiología de la piel y mantiene su equilibrio», apunta. Por eso anima a apostar por la constancia a través de la doble limpieza. “La rutina comienza con una leche limpiadora, que elimina las impurezas oleosolubles. A continuación, aplicas una loción calmante, que retira las impurezas hidrosolubles. La rutina continúa con la loción equilibrante, un gesto fundamental para restablecer el pH, favorecer una exfoliación suave e igualar el tono cutáneo”.Lee tambiénLa rutina se completa con un sérum o la crema de tratamiento, contorno de ojos y protector solar cuando exista exposición al sol. Y, si se usa maquillaje en los ojos y labios, recuerda que «es fundamental retirarlo con un desmaquillante bifásico, respetuoso con estas zonas, y preferiblemente enriquecido con ácido hialurónico». La esteticista concluye recordando que «la piel siempre responde mejor cuando la tratamos con respeto. No necesita que la agredamos para eliminar un granito, sino recuperar su equilibrio».Acné y microbiotaEn los últimos años, la investigación científica ha comenzado a estudiar también la implicación del medio interno en la salud epidérmica. Natalia Dopacio, bióloga, máster en microbiota humana y fitoterapia clínica, y responsable del Departamento Técnico de Dietmed, explica que “la piel y el intestino están conectados a través del eje intestino-piel, en el que intervienen la microbiota, el sistema inmunitario y la función de barrera. En el acné no influye únicamente la presencia de Cutibacterium acnes, sino también el equilibrio entre sus distintas cepas, la producción de sebo, las hormonas y la respuesta inflamatoria”.Sin embargo, Dopacio pide mantener el rigor científico antes de atribuir cualquier brote a un problema digestivo. “Aunque se han observado diferencias en la microbiota intestinal de personas con acné, todavía no puede afirmarse que una disbiosis sea su causa directa, ni debe considerarse automáticamente la causa del brote”, destaca. Respecto a la nutrición, señala que “la evidencia apunta a reducir los patrones de elevada carga glucémica”. Evitar un exceso de azúcares, bebidas azucaradas, bollería y harinas refinadas, y priorizar verduras, frutas, legumbres, cereales integrales, frutos secos y pescado. Su recomendación es “mejorar el patrón alimentario, y observar de manera individual si algún alimento parece relacionarse con los brotes”.Como concluye la doctora María Garayar, “el mensaje más importante es que el acné a cualquier edad tiene tratamiento. No debe asumirse como una consecuencia inevitable del envejecimiento, ni tratarse únicamente con productos cosméticos sin un diagnóstico adecuado, especialmente cuando aparece por primera vez después de los 60 años”. Identificar con profesionales si el brote deriva de una fluctuación hormonal, de una reacción a medicamentos, de una mala alimentación o del uso de cosméticos inadecuados, puede resolver la afección de manera eficaz, devolviendo a la piel madura su salud, equilibrio y confort.