Los expertos coinciden en que tener granos no es solo una cuestión estética, sino un proceso inflamatorio complejo en el que influyen hormonas, genética, hábitos… Los errores más comunes pueden dejar huella y afectar a la autoestima en una etapa especialmente compleja

Durante la adolescencia, el cuerpo cambia. Y la piel —como órgano especialmente sensible a las transformaciones hormonales— se convierte en uno de los primeros escenarios donde esas modificaciones se hacen visibles. El acné, lejos de ser un simple problema estético, es una de las afecciones dermatológicas más frecue...

ntes en esta etapa y también una de las más malentendidas. Para muchos adolescentes comienza de forma leve, con puntos negros o pequeños granos, pero puede evolucionar hacia formas inflamatorias que afectan no solo al rostro, sino también a la espalda o el pecho. En paralelo, el impacto emocional no es menor: inseguridad, frustración o incluso retraimiento social forman parte de la experiencia de muchos jóvenes.

“Existe la idea de que el acné es simplemente grasa, pero es bastante más complejo”, explica Montserrat Fernández-Guarino, dermatóloga en el Hospital Ramón y Cajal. “En realidad, se trata de un proceso inflamatorio que afecta al folículo pilosebáceo —la estructura donde se produce el sebo— y que responde a varios factores que confluyen, especialmente en la adolescencia". Fernández-Guarino señala que el detonante principal es hormonal y que, durante esta etapa, el aumento fisiológico de los andrógenos estimula las glándulas sebáceas, lo que incrementa la producción de sebo. Pero no es solo eso. Según explica, el acné es un proceso inflamatorio vinculado a los cambios hormonales y a la predisposición genética, cuya evolución puede verse influida por factores como el estrés o determinados hábitos.