Como la historia siempre vuelve, cien a�os despu�s el pa�s est� inquieto de nuevo por lo que ocurre al otro lado del estrecho de Gibraltar. Si hace poco m�s de un siglo el desembarco de Alhucemas permiti� pacificar el territorio y consolid� la dictadura de Primo de Rivera, la situaci�n ahora no puede ser m�s diferente. Espa�a no tiene enfrente a las cabilas rife�as, pero, como entonces, se enfrenta a un adversario –la historia no se repite, pero rima– que utiliza t�cnicas alejadas de la guerra convencional. Sobre todo, lo que la propia Uni�n Europea ha definido como �instrumentalizaci�n migratoria� (Reglamento UE 2024/1359), es decir, aquella situaci�n que se da cuando un tercer pa�s o un agente no estatal hostil fomenta o facilita el desplazamiento de personas hacia las fronteras exteriores de la UE con el objetivo de desestabilizar a la Uni�n o a un Estado miembro. Exactamente lo que ocurri� en Ceuta hace un mes, y no hace falta conocer bien Marruecos para saber que all� no ocurre nada relevante a espaldas del rey ni contra su voluntad. El pa�s es un Estado fallido, una cleptocracia dominada por una �lite, el Majzen, que se enriquece a manos llenas mientras condena a la pobreza a su poblaci�n. Ah� va un dato: despu�s de m�s de veinticinco a�os de un reinado en teor�a modernizador de Mohamed VI, apenas el 19% de las marroqu�es en edad de trabajar tiene empleo o lo busca, una tasa que Espa�a dej� atr�s antes de que acabara la dictadura franquista.La situaci�n de Ceuta no es sencilla de gestionar, y m�s sin el apoyo de nuestros socios comunitarios. Europa parece no haber comprendido que el peligro no est� solo en la frontera oriental: tambi�n la del sur est� siendo, y seguir� siendo, objeto de vulneraciones y de ataques que se sirven de la desesperaci�n y la pobreza de millones de personas que huyen de la miseria y la corrupci�n de la gran mayor�a de los (fracasados) Estados africanos. En el continente que m�s crece demogr�ficamente del mundo apenas hay tres pa�ses –Mauricio, Botsuana y Cabo Verde– que puedan ser calificados de democracias en sentido liberal. �C�mo no va a huir la gente de semejante infierno?Marruecos sabe muy bien que desempe�a un papel clave para frenar o acelerar la llegada de ilegales, y tambi�n es consciente de la debilidad funcional del sistema espa�ol, cada vez m�s acusada desde el asalto del populismo a nuestras instituciones, hace ya m�s de una d�cada. Utilizando la migraci�n de manera repugnante, la monarqu�a alau� abre y cierra el grifo a voluntad de Palacio. Por �l pasan no solo personas que llegan al pa�s, sino tambi�n miles de j�venes marroqu�es asfixiados por un gobierno que no les deja estudiar, prosperar ni ganarse la vida. A esto se suma una pol�tica inteligente de presi�n, tanto en Bruselas como en Par�s o Madrid, para sumar voluntades y mirar hacia otro lado cuando conviene al Majzen. Quiz� alg�n d�a conozcamos los recursos que la inteligencia marroqu� invierte entre nuestras �lites pol�ticas y medi�ticas…Y aun as�, hay algo extra�o en toda la pol�tica del Gobierno de S�nchez con nuestro inc�modo vecino del sur: cambi� la postura espa�ola sobre el S�hara, una pol�tica impuesta por la izquierda en los a�os ochenta, sin explicaci�n p�blica ni debate parlamentario. Este giro promarroqu� no es sencillo de explicar ni siquiera apelando al realismo, cada vez m�s en boga en el �mbito de las relaciones internacionales. Los intentos por disculpar la actuaci�n del Estado marroqu� tras la invasi�n del territorio nacional a finales de julio no resultan menos llamativos: el Gobierno convoc� antes al embajador de un pa�s socio y amigo como Italia que al del autoritario Gobierno marroqu�.Y en medio de esta perplejidad, sobrecoge la respuesta, por llamarla de alguna manera, del Gobierno espa�ol ante la crisis. Es sorprendente que quien critic� hasta la extenuaci�n la ausencia de unas horas del entonces presidente valenciano Maz�n el d�a de la dana, hace casi dos a�os, viera normal no interrumpir unas vacaciones interminables pagadas por el Estado. Y lo es tambi�n que quien ha hecho de la imagen su �nica pol�tica no entendiera que la gravedad del ataque a Ceuta iba a convertir en carne de meme sus videoconferencias desde uno de los bienes adscritos a Patrimonio Nacional, antes de rematar en Andorra unas vacaciones impensables en cualquier otro jefe de Gobierno de nuestro entorno geogr�fico y cultural.El resultado ha sido desolador, para el Estado y para el Gobierno. Para el Estado, porque la debilidad y la cesi�n ante gobiernos desp�ticos son un incentivo para seguir con la escalada de tensi�n. Para el Gobierno las cosas tampoco han salido bien, porque no parece que esto se vaya a quedar en una serpiente de verano. Un mes despu�s, miles de personas siguen desbordando una ciudad que no estaba preparada para esta avalancha. La descoordinaci�n de ministerios clave, como Interior y Defensa, as� como la incapacidad de defender las fronteras y de activar la solidaridad europea, pueden ser otro clavo en el ata�d de un Gobierno moribundo. La XV legislatura no ha tenido presupuestos propios porque nunca hubo mayor�a de gobierno, solo de investidura. La �legislatura del muro� nos ha demostrado tambi�n que nuestro sistema pol�tico no estaba dise�ado para que alguien gobernara considerando que todo lo que no est� prohibido por la ley est� permitido.Por el camino, adem�s, la sociedad espa�ola ha ido cambiando. El Gobierno logr� salvar esa mayor�a del muro por muy pocos votos en las elecciones de 2023, pero parece que la situaci�n no se repetir� en los pr�ximos comicios. De acuerdo con los datos del informe J�venes espa�oles 2026, de la Fundaci�n SM, en apenas cinco a�os los j�venes que se definen de izquierda o centroizquierda han ca�do algo m�s de 12 puntos, mientras que los que se ubican entre el centroderecha y la derecha han subido casi 14: es el resultado m�s escorado a la derecha desde que se tienen datos en nuestro pa�s. Y, quiz� por eso, la inmigraci�n descontrolada es vista como un problema por muchos ciudadanos espa�oles. Hay que recordar que una parte del contenido de la agenda pol�tica, lo que es un problema y lo que no, no depende de la voluntad de un presidente, ni siquiera de las Cortes Generales. Si los ciudadanos perciben una situaci�n como insatisfactoria, se lo har�n saber a los pol�ticos, de una u otra manera, por mucho que el CIS gubernamental se empe�e en preguntarlo como le conviene. Cuesta pensar que, en un pa�s que gira a la derecha y que considera que la inmigraci�n descontrolada es un problema, un suceso como la instrumentalizaci�n marroqu� de la inmigraci�n en Ceuta no vaya a tener efectos electorales a�n m�s perniciosos para el Gobierno.Esta tendencia del Gobierno a sentimentalizarlo todo, desde la memoria hist�rica hasta los derechos de las minor�as, no vale ya para un mundo en el que las relaciones internacionales vuelven a ser lo que siempre fueron: relaciones de poder. Y si a todo esto le sumamos el penoso horizonte judicial del Gobierno, al que espera un oto�o lleno de problemas, desde los que ata�en a la esposa del presidente hasta el caso de las cloacas del partido, todo hace pensar que esta vez el muro no ser� argumento suficiente para evitar la alternancia pol�tica. Otra cosa es el incentivo que tengan los que vengan despu�s para volver a la institucionalidad y no generar un sanchismo de derechas. Mientras tanto, convendr�a recordar que, como escribi� Josep Pla, �lo m�s dif�cil del mundo es ver lo que se tiene delante de los ojos�. Y lo que tenemos delante, en la frontera sur, no es una narrativa producida por la factor�a Moncloa; es la cruda realidad.Manuel Mostaza Barrios es polit�logo y director de Asuntos P�blicos de la consultora Atrevia