(...) el verdadero problema aparece cuando esta lógica deja de estar orientada a satisfacer nuestras necesidades...30 de agosto, 2026 - 08h30Les ha pasado que van al supermercado con una lista predeterminada de compras, convencidos de que solo vamos a comprar eso. No obstante, cuando caminamos por los pasillos, nos detenemos porque un producto en descuento ha llamado en particular nuestra atención y optamos por hacerle caso a nuestro impulso y lo compramos. Y así, sin darnos cuenta, fuimos al supermercado con una idea clarísima de lo que íbamos a comprar y, sin desearlo, llegamos con una cuenta más alta, cargando productos que ni siquiera necesitábamos. Parece un truco de magia; sin embargo, ese truco se llama arquitectura de decisiones. En palabras más simples, es la forma en la que se presenta una información que puede cambiar por completo la percepción que tenemos de ese producto, haciéndolo ver mucho más deseable de lo que es; es decir, es darle la vuelta al concepto de un producto, lo que tiene matices positivos, pues hay gente que está compitiendo por nuestra atención. Esta enorme riqueza de información es capaz de satisfacernos al corto plazo o también podría permitirnos descubrir productos, servicios, ideas hasta inclusive intereses que no sabíamos que necesitábamos; en otras palabras, la información puede llegar a desbloquear nuevas necesidades y/o ampliar nuestro campo de elección, generando que nuestra toma de decisiones sea mucho más variada, puesto que en vez de estar eligiendo entre un producto A o B estamos eligiendo una cantidad prácticamente ilimitada de posibilidades que pueden adaptarse a nuestros gustos, preferencias y circunstancias. En cierta medida, esta diversidad puede hacernos más felices, pues nos permite encontrar aquello que realmente se ajusta a lo que buscamos en lugar de conformarnos con las pocas alternativas que conocemos. No obstante, precisamente ante todo esto –que es positivo– recae sobre nosotros una inmensa responsabilidad, que es desarrollar la capacidad de discernir entre la información que realmente aporta valor y aquella que simplemente busca acampar nuestra atención. No obstante, el verdadero problema aparece cuando esta lógica deja de estar orientada a satisfacer nuestras necesidades y comienza a estar enfocada en mantenernos consumiendo información el mayor tiempo posible. Por ello, un ejemplo bastante claro y alarmante es el uso de scroll infinito en las redes sociales. Este ejemplo se vio materializado en Estados Unidos en 2023, cuando un grupo de 29 estados demandó a Meta alegando que la empresa habría construido su estructura a base de algoritmos de recomendación, notificaciones constantes y el scroll infinito para fomentar el uso compulsivo de sus plataformas. Lo interesante de esto no es la demanda en sí –que acabaría con el negocio de Meta–, sino más bien que alguien más pueda diseñar el entorno en el que nosotros decidimos qué información consumir, aprovechándose de nuestras propias limitaciones. En este sentido, el scroll infinito va en contra del consumo de información, puesto que nunca se acaba el contenido; por ende, no hay un punto claro en el que la persona diga: “Esto es suficiente” o “Hasta aquí llegué”, sino que simplemente podemos seguir deslizando. En síntesis, al vivir en un mundo donde la información está al ver un móvil, nuestra verdadera libertad radica en desarrollar un criterio formado para elegir cuál de todas las opciones queremos. (O)Jorge Andrés Calderón, estudiante de Economía, QuitoPublicidad¿Tienes alguna sugerencia de tema, comentario o encontraste un error en esta nota?
¿Realmente somos libres de pensar por nosotros mismos?
(...) el verdadero problema aparece cuando esta lógica deja de estar orientada a satisfacer nuestras necesidades...








