¿Qué ocurriría si apenas en una década la inteligencia artificial y la robótica produjeran casi todos los bienes y servicios, dispusiéramos de abundante tiempo libre y un ingreso universal cubriera nuestras necesidades? Es lo que Elon Musk vaticinó en una reciente entrevista para The Economist. ¿Sería el inicio de la verdadera libertad o el comienzo de una crisis de sentido de vida sin precedentes? La pregunta no es nueva. Hace más de dos mil años, el poeta griego Píndaro invitaba a “llegar a ser quien uno es”. Siglos después, José de San Martín escribía: “Serás lo que debas ser, o si no, no serás nada”. Ambas frases apuntan al mismo desafío: la verdadera libertad comienza cuando procuramos descubrir nuestra verdadera identidad. Sin embargo, Occidente terminó identificando la libertad con la seguridad material. Nietzsche ironizaba sobre esa aspiración llamándola “la felicidad de los ingleses”: una existencia cómoda, ordenada y previsible. Durante generaciones creímos que ser libres significaba liberarnos de las necesidades. Hoy la actual revolución tecnológica nos obliga a preguntarnos si eso será realmente suficiente.

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