Desde este mes en Galicia los cazadores disfrutan de “barra libre”, en palabras de los animalistas, para matar jabalíes durante un año entero. Se trata de la sexta vez que, desde 2019, el Gobierno popular de la Xunta recurre a la figura de la “emergencia cinegética” para justificar una caza sin límite temporal ni espacial. Pero los colectivos de defensa medioambiental y animalistas recuerdan que sigue sin existir un censo fiable porque se basa en las capturas notificadas por los cazadores. Además, advierten de que se han llevado a cabo investigaciones en el mundo que señalan que la “presión depredadora” por parte del hombre activa una respuesta reproductiva del animal. Desde agosto, las redes sociales de las cuadrillas se adornan con fotos casi clonadas: posados triunfales junto a los animales abatidos. Mientras tanto, la Xunta apela a los daños que causa la especie en la agricultura, los accidentes de tráfico y el avance de la peste porcina africana en Europa. “Un fantasma”, replican los ecologistas.La Sociedade Galega de Historia Natural (SGHN) tira de diccionario: “Una emergencia es una situación sobrevenida, de carácter inesperado, que afecta en menor o mayor grado a la seguridad de las personas, de los bienes o del medio ambiente”. “La situación”, los daños ocasionados por el jabalí, explica este grupo ecologista liderado por científicos, “dista mucho de ser una emergencia, pues se ha convertido en esperable y recurrente”. Este año completo, de agosto de 2026 a agosto de 2027, la Dirección Xeral de Patrimonio Natural de la Xunta vuelve a aplicar la misma fórmula tras hacerlo en 2019, 2021, 2023, 2024 y 2025. Primero restringida a determinados municipios y actualmente en toda la geografía (salvo parajes protegidos en los que esté prohibida la caza). En este tiempo y a fuerza de abusar de lo que debería haber sido una medida excepcional, defiende la SGHN, “se ha demostrado que no es una solución, sino todo lo contrario”.El estudio ¿Compensan los jabalíes su caza con niveles más elevados de hormonas reproductivas? (publicado en Conservation Physiology, Oxford Academic, 2021) busca explicaciones al aumento de la población de Sus scrofa en todo el mundo pese a la “elevada presión cinegética”. El artículo plantea que el estrés causado por la persecución humana provoca “una madurez sexual más temprana en las hembras, lo que conduce a una reducción del tiempo generacional”. Los biólogos, de la Universidad de Jaifa (Israel), examinaron los efectos fisiológicos de la caza sobre el sistema reproductor analizando los niveles hormonales en el pelo, y comprobaron que la progesterona era más elevada en las hembras “expuestas” a una fuerte persecución. El conjunto de los datos sugería que “una respuesta hormonal reproductiva podría ser uno de los factores que explican el rápido crecimiento de las poblaciones a nivel mundial, pese a la intensa presión de caza”.Tanto la SGHN como la Fundación Franz Weber (FFW) o Adega (Asociación para a Defensa Ecolóxica de Galicia) recalcan que no existen datos “fiables y contrastados”, basados en “estudios rigurosos” sobre el tamaño, la estructura y la dinámica de las poblaciones de jabalí. No se sabe cuántos individuos puede haber de cada sexo y edad, “ni el número de crías por hembra y año”, “ni mortandad natural y no natural”. “La Xunta únicamente maneja una estimación de unos 82.000 ejemplares basada en suposiciones y extrapolaciones a partir del número de animales cazados”, recuerda la SGHN. “Pero si se acepta esa metodología cabe concluir que la población permanece estable al menos desde 2020-2021″, ya que el número de jabalíes muertos a tiros sigue “en el rango de entre 18.000 y 19.000 individuos”. Por esta misma razón, recalca el colectivo, habría que pensar que “el incremento de los daños en la agricultura y la siniestralidad viaria no se deben a un incremento poblacional”. El grupo ecologista que preside el edafólogo del CSIC (Consejo Superior de Investigaciones Científicas) Serafín González plantea que los destrozos y los accidentes puedan estar relacionados con un “aumento de la movilidad y la dispersión” de los jabalíes. Y que esto se deba a que son empujados “por las batidas”, o por la “extensiva destrucción de hábitats” por los incendios forestales.“Que sea ya la sexta ocasión en que la Xunta recurre a esta interpretación legal evidencia la falta de políticas de prevención y control adecuadas”, apunta por su parte Rubén Pérez, portavoz del grupo animalista FFW. “La excusa no puede ser una supuesta superpoblación” cuando “no existen datos objetivos”, añade. La emergencia cinegética, opina, “plantea todo tipo de facilidades y barra libre para su cruenta afición a un colectivo ultraminoritario [hay en vigor unas 40.000 tarjetas, la mitad de mayores de 65 años] como son los cazadores”. Esto, prosigue, se traduce en “una privatización de facto de los montes gallegos, sin olvidar que la Xunta ha llegado a justificar incluso la caza de crías”. La solución a los problemas que genera el jabalí no pasa por “espolear el odio contra la fauna silvestre” ni tampoco por ese “odio que la Xunta focaliza en el lobo”, porque este es un depredador natural del jabalí, según FFW. “Es un planteamiento ridículo cazar al depredador y al depredado”, argumenta Pérez. Tras seis declaraciones de emergencia, estas “ya forman parte del propio calendario de caza y resulta obvio que los cazadores cuentan con ello”, ironiza el animalista.Para Adega, la emergencia “carece de base técnica y científica y es ineficaz, irresponsable y peligrosa porque entraña un riesgo inaceptable” para todos los demás usuarios del monte y los vecinos. El grupo ecologista advierte especialmente sobre la autorización de dispositivos que facilitan la caza nocturna, como miras con amplificadores electrónicos de luz o detectores automáticos de paso.Sin embargo, la Consellería de Medio Ambiente defiende la nueva ofensiva redoblada contra el jabalí. La Xunta arguye que la principal novedad de la actual emergencia cinegética es la vigencia, que salta los límites del “periodo hábil de caza” a ser aplicable toda la temporada, hasta el 31 de julio de 2027, y en todo el territorio. Sobre el peligro para las demás personas que viven, utilizan, trabajan o pasean por los montes de Galicia a diario, el Ejecutivo se defiende: desde la primera declaración (en 2019) hasta la actual “se regula la práctica de una caza controlada con un régimen perfectamente definido y no se detectaron episodios o conflictos relacionados con problemas de seguridad”.Sobre sus cálculos para conocer la población de jabalíes, Medio Ambiente responde pero no aclara: “En base a los datos y la información técnica disponible, queda acreditado que la situación en la totalidad del territorio indica la existencia de circunstancias especiales con respecto a la especie”. Y luego añade que, sobre todo, pesan los daños en la agricultura y los accidentes viales, “pero también la presencia en torno a las ciudades, que está generando nuevos problemas de seguridad y alarma e incluso de salud pública”. La Xunta defiende que su política está “en línea con la Agencia Europa de Seguridad Alimentaria, que recomienda estabilizar y, si es posible, reducir la densidad”.“La sobrepoblación de jabalí afecta a todos los países de la UE y constituye un factor importante en la difusión de la peste porcina africana”, argumenta también la consejería, que apela al riesgo de que la enfermedad “pase a ser endémica en Europa”. En noviembre de 2025, rememora, “se detectaron ejemplares infectados en la zona de Cerdanyola del Vallès (Barcelona)”. Para Serafín González este es un argumento “fantasma” que “choca con la realidad epidemiológica”: “Los jabalíes enfermos se desplazan muy poco, por lo que el avance de la enfermedad de forma natural es muy lenta desde las zonas del Este de Europa, donde es endémica”, aclara la SGHN.Disparos todos los díasUna resolución del pasado mayo regula una de las modalidades con las que ahora se puede matar. Es la caza “en mano”, que además se puede practicar en esos días (lunes, martes, miércoles y viernes, hasta el 28 de febrero) en los que hasta ahora las escopetas no iban al monte y los vecinos y senderistas se sabían a salvo. La Xunta advierte de que solo se aplica en terrenos de régimen cinegético especial y con “autorización expresa” en la que se deben “especificar las fechas de estas cacerías” para “garantizar la seguridad”. La caza en mano, destaca, no puede coincidir en tiempo y espacio con las otras modalidades, algo que, interpreta Serafín González, significa que “la Xunta reconoce implícitamente” que esta nueva fórmula “supone un riesgo para el resto de los cazadores”. El Gobierno gallego, concluye el ecologista, “se preocupa por la seguridad de la minoría armada pero, ¿Dónde está su preocupación por la mayoría desarmada?”.“Están delegando en un colectivo la gestión de un problema que debería abordar la Administración con un enfoque global y que va más allá de la eliminación de ejemplares sobrantes”, lamenta la SGHN, que considera “especialmente preocupante” la caza en mano. “Es una increíble y gravísima irresponsabilidad”, denuncia la asociación: “Cualquier cazador armado con un rifle podrá disparar a un jabalí que se le cruce en el camino, con riesgo para las personas, ante la imposibilidad de saber que se encuentran en el radio de alcance de las balas”, concluye.