No es fácil argumentar la belleza. Existen vínculos intangibles que determinan la atracción, vínculos que se rinden a la fragilidad con la que nos movemos. Buscamos algo sagrado. Florencia es una de las ciudades en las que mejor se puede rastrear esa búsqueda. Sus iglesias: el ejercicio humano por alcanzarla. Su pavimento, la belleza que nos precedió. En sus callejones y adoquines se organizan voces de altas y bajas disciplinas. Invocan lo perdido. Dura 15 minutos, ni más, ni menos. Un silencio. Un estruendo y movimiento. Lo llaman desfile, alta moda. Pitti ­Uomo, la feria internacional de moda masculina, lo sirve en bandeja con 740 colecciones. Cada temporada, nuevas voces convocan, con conmoción florentina, el derecho a la belleza. Un nuevo hombre. “La fuerza motriz de Pitti Uomo no es solo la promoción entre los clientes extranjeros más importantes y el descubrimiento de nuevos mercados, sino también, para nosotros los expositores, un estímulo para la investigación, la regeneración creativa constante, la evolución estilística y el uso de nuevos materiales”, subraya el presidente de Pitti Immagine, Antonio De Matteis.Pitti ­Uomo, la feria internacional de moda masculina, lo sirve en bandeja con 740 coleccionesFlorencia durante unos días es un pasarela continua de moda masculinaAmbra VernuccioClaro que su mérito no se basa en la asistencia de compradores (un 3,5% menos que el año pasado), sino en poder ofrecer una garantía que, en palabras de Francesca Tacconi, directora de actos especiales, se consagra en “740 expositores que apuestan por una alta calidad manufacturera y mantienen una actitud abierta a la experimentación, combinando sensibilidad contemporánea con elementos funcionales en los distintos cánones de la moda masculina”. Ya nada emociona igual que antes; ni siquiera las más firmes estructuras de comercio como Pitti, arraigado en la historia florentina como los Medici, saben cómo abordar estos nuevos tiempos. Hay algo de desconcierto en el aire conmovido.Brunello Cucinelli, que mostró las novedades en una cena, puso el contrapunto de sastreríaAmbra VernuccioUn cambio presente incluso en la cena que organiza Brunello Cucinelli cada temporada. Antesala de la modernidad, la velada del marqués de la lana italiana convoca en la basílica de Santa Maria Novella una imagen viva en un altar circular, al más puro estilo de El ángel exterminador de Buñuel, con los modelos masculinos con más renombre de la industria enfundados con todas sus novedades. En el claustro, una nueva sacralidad popular, Paul Anthony Kelly, el actor y modelo canadiense que ha encarnado a John F. Kennedy jr. en la serie Love story, encabeza un reparto de hombres comisariados por Cucinelli. Y en ese fresco masculino hay movimiento. “Evoluciona constantemente, incluso mi propio sentido del estilo lo hace. La moda, para mí, es la habilidad de sentirme honesto en su máxima expresión”, confiesa el modelo estadounidense Sean O’Pry con inmutable pose. Entre los 15 hombres elegidos, uno barcelonés, Oriol Elcacho, se atreve a bajar del altar circular. “Este claustro es del año 1350 d.C. y sigue siendo relevante. La moda bien hecha comparte esa cualidad”, argumenta momentos antes de que el banquete se despliegue. Los insectos se embriagan de estilo bajo la tela del mantel, ebrios de pedigrí y frizzante.La firma de moda masculina Sunflower Ambra VernuccioSobre el nuevo día: la luz, el alumbramiento. Para algunos, como el diseñador coreano Jiyong Kim, es una fuerza motora que, en su caso, decolora sus creaciones. Reconectar con una creación más lenta y dependiente de los elementos naturales. Kim, que entiende la grandeza de la naturaleza, determina que la moda no es relevante, “y por eso participo en ella. Me emocionan la incerteza y la espera que rodean nuestras piezas. Nunca sabemos cuál será el resultado y aun así nos lanzamos a hacerlo”. Acto de fe, de libre estilo, de contenido liberado de forma. Algo en común con el desfile de la marca danesa Sunflower, que en un atardecer en el Teatro del Maggio Musicale Fiorentino hace desfilar su nueva moda entendida como una silueta. Las prendas no importan. Cegados por el sol, solo percibimos falta de pretensión, movimiento de algo ligero, suave y deliberadamente libre, algo que los fundadores de la firma, Ulrik Pedersen y Alan Blond, definirían como “un ejercicio relevante en los tiempos que corren. La moda nos sirve para poder expresar puntos de vista inesperados”. Un brindis y un nuevo sol sellado en nuestras retinas.DSM Kei Ninomiya presentó su colección Our Punk durante el evento Pitti UomoAmbra VernuccioEl segundo día: rebeldía. Esa misma que en un antiguo convento ahora reconvertido, a medio construir, entre cemento crudo, vallas metálicas y estructuras de hierro soldado, el diseñador japonés Kei Ninomiya, bajo la marca Dover Street Market, usa para declarar un manifiesto punk. Retomando la estética del movimiento de los setenta, ese de los Sex Pistols, busca declararnos y subrayarnos necesitados de una comunidad unida por un propósito de cambio. ¿Su arma disruptiva? Crestas de más de 30 cm de eslora, flores, botones e imperdibles. Con un discurso que manifiesta la ternura como nuevo punk, nada tienen de rebeldes o revolucionarias sus prendas. Parece más bien la recreación comercial de un viejo sueño. Lo que antes era punk puede que hoy no lo sea. Ser punk no es llevar una chaqueta de cuero, después de todo, claro que, en palabras de Ninomiya, su colección no pretende cambiar el mundo con prendas. “Presenta una actitud. Una libertad de poder expresarnos, improvisar y ser honestos. Buscamos una nueva imagen. Ya no pienso en moda, solo en hacer lo que me dé la gana”. Y esa debe de ser su idea del punk. Participar más que perfeccionar, de nuevo, sin categorías, sin ataduras, de forma indefinida.En el Teatro della Pergola Rocha representó la visión teatral del género masculinoAmbra VernuccioEl tercer día: el aplauso final. Tras el gesto rebelde, se consagra en el Teatro della Pergola una emoción contenida. La mañana en la que la diseñadora irlandesa Simone Rocha, hija del diseñador John Rocha, baja las escaleras del teatro para atender a los periodistas se dispone un preludio de escena. Pocas palabras, promesa de juego teatral. Al atardecer, el telón precede a un escenario. Quien lo llena: nosotros. Somos su juego, somos la obra. Y entre nosotros, sus modelos caminando en espiral sobre una idea: el género masculino no es más que una performance y puede representar el rol que quiera. Hombres con faldas, con delantales, con trajes, un círculo infinito de juego. Sus pequeños hombrecitos. Aúna el desinterés de pretensión de Sunflower y la ternura rebelde de Ninomiya en un mismo acto. “Buscaba algo fluido, lánguido, algo que poder confinar en un círculo. Las flores se convirtieron en algo totémico”, diría Rocha tras presentar su nueva colección. El telón nunca vuelve a cerrarse. Todo queda abierto, y una luz cálida llena el teatro, ahora vacío. Hay champán a la salida. Pero me quedo. Un segundo más en el escenario con un silencio pulcro. Cruje la madera y, en su centro, una belleza ensordecedora.Periodista y curador creativo en Magazine. Fundó la sección Sónico, espacio para nuevas visiones, en busca del derecho a la belleza.