El orden económico internacional tiene una estructura de especialización productiva que reproduce las desigualdades. Esto significa que existe un centro industrial y una periferia agrícola, tal y como señalaron desde el desarrollismo y el estructuralismo los economistas Raúl Prébisch y Celso Furtado, entre otros. Los países del centro industrial se benefician de los términos de intercambio en el comercio, mientras que los países de la periferia agrícola se ven perjudicados, reproduciendo el subdesarrollo.

La especialización agrícola de las periferias genera subdesarrollo porque sus economías se basan en la exportación de productos primarios, que tienen menor capacidad para aumentar la productividad. En los países del centro industrial sucede justo al revés, por las exportaciones de productos de mayor valor añadido. Esta especialización productiva debe entenderse en un contexto de dependencia y relaciones de poder. Durante décadas, las economías coloniales se organizaron para producir materias primas para las metrópolis, quedando la industrialización concentrada en estas últimas. En este sentido, según André Gunder Frank, el desarrollo de los países centrales y el desarrollo de los países periféricos son dos caras del mismo proceso histórico. Una de las fórmulas para que las periferias agrícolas rompieran el ciclo del subdesarrollo fue la Industrialización por Sustitución de Importaciones, consistente en reemplazar los productos industriales extranjeros por bienes producidos en el propio país.