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Imagen es percepciónMarruecos lleva décadas construyendo una de las estrategias de desarrollo más exitosas y silenciosas del siglo XXI.
Durante décadas, al mundo le bastó una postal para creer que conocía Marruecos. Zocos, alfombras, especias, ciudades imperiales y un desierto que parecía detener el reloj. Mientras esa imagen circulaba, el reino escribía otra historia diferente, lejos de las cámaras. No necesitaba llamar la atención. Necesitaba tiempo para construir.
No levantó su influencia con portaviones ni desfiles militares, sino con puertos, trenes de alta velocidad, parques industriales, universidades y energías renovables. Entendió antes que otros que el poder de este siglo no se mide solo en tamaño de ejército o PIB, sino en volverse indispensable dentro de las cadenas globales de producción y comercio.







