La transición demográfica de Marruecos ha cruzado un punto de no retorno histórico que compromete su futuro a medio plazo. El Censo General de Población y Vivienda de 2024 revela que la tasa de fecundidad del país ha caído a 1,97 hijos por mujer, situándose por primera vez por debajo del umbral de reemplazo generacional. Lejos de la media de siete hijos registrada en la década de 1960, el país magrebí se enfrenta ahora a un escenario de envejecimiento acelerado propio de las naciones europeas, pero con un agravante letal: no cuenta con la riqueza, el mercado laboral ni los sistemas de bienestar necesarios para sostener este colapso poblacional.
Este rápido declive demográfico contrasta de forma abismal con la situación de sus grandes rivales regionales, alterando drásticamente el equilibrio de poder y la influencia en el norte de África. Mientras Rabat reduce su natalidad y proyecta un crecimiento casi nulo para finales de la década de 2060, Argelia mantiene una robusta tasa de 2,75 hijos por mujer y va camino de alcanzar los 61 millones de habitantes a mediados de siglo, superando a su vecino en un 40 %. El panorama es aún más desolador para Marruecos si se compara con Egipto, que suma casi dos millones de personas al año y rozará los 130 millones de habitantes en 2040, triplicando la población marroquí y acaparando el peso geopolítico absoluto de la región.









