Argentina enfrenta el riesgo de quedarse sin industria sin haber definido todavía qué estructura productiva quiere construir en su lugar. El Gobierno tiene un rumbo claro en materia macroeconómica —déficit cero, desregulación, apertura comercial y reducción de la intervención estatal—, pero esa orientación no equivale necesariamente a una estrategia de desarrollo productivo. Mientras la energía, la minería y el agro aparecen como motores del crecimiento, la industria manufacturera y el mercado interno quedan rezagados, y las medidas oficiales parecen concentrarse más en quitar obstáculos que en definir qué capacidades productivas debería desarrollar el país. Paradójicamente Argentina se desindustrializa cuando el mundo se reindustrializa después de haber pasado por la utopía de postindustrialización de la que occidente está volviendo rápidamente. Lo que desarrollaremos más adelante en esta columna. Primero el contexto. El Gobierno sostiene que las empresas deben adaptarse a la competencia y que el Estado no puede sostener artificialmente actividades ineficientes. El problema es que dejar que el mercado decida qué empresas sobreviven, no responde por sí solo qué sectores, tecnologías y conocimientos debería conservar Argentina para competir en las próximas décadas, además de una falacia porque el tipo de cambio y la presión tributaria diferenciada con el RIGI y las importaciones, es parte de la intervención del Estado sobre el mercado.
Día 998: Argentina se desindustrializa cuando el mundo se reindustrializa
Argentina enfrenta una paradoja: mientras Estados Unidos, Europa y China vuelven a apostar por la industria como fuente de empleo, tecnología y autonomía estratégica, el país profundiza su desindustrialización sin definir qué estructura productiva quiere construir.








