Argentina posee recursos extraordinarios: tierras fértiles, energía, minerales, agua, agricultura, ganadería, industria, tecnología y un enorme potencial humano. Sin embargo, seguimos sin transformar esa riqueza en bienestar general.El problema no es solamente político. También existe una responsabilidad empresarial cuando sectores concentrados utilizan su poder para limitar la competencia, producir menos y sostener precios elevados. No hablo de todos los empresarios, sino de quienes privilegian la renta obtenida por su posición antes que la inversión, la producción y el crecimiento.Hoy la macroeconomía muestra avances importantes: la inflación descendió y se busca abrir la economía al mundo. Pero falta que esa estabilidad llegue a la microeconomía.La salida, a mi entender, no es repartir una torta cada vez más pequeña, sino producir una mucha más grande: más producción genera más oferta; más oferta y competencia pueden bajar precios; más consumo impulsa nuevas inversiones; y éstas generan empleo y mejores salarios.Necesitamos reglas que hagan más rentable producir, invertir y competir que aprovechar privilegios.Argentina no carece de riqueza. Le falta convertir todo lo que tiene en producción, trabajo y bienestar.Eduardo D. Olivera eduardodanielolivera@gmail.comOTRAS CARTAS“Dos versiones, un país”Si los shoppings están abarrotados o los teatros tienen localidades agotadas, es maravilloso, pero eso no es el común denominador del pueblo. La realidad la vive cada uno desde el lugar que le toca: con trabajo o sin él, alquilando o con casa propia, esperando el tren o andando en bicicleta. La economía habla por sí sola, con gente endeudada, con mediados de mes que se hacen eternos, con compras postergadas y, sobre todo, con angustia por el porvenir. Las últimas generaciones venimos sufriendo demasiado y no vemos un camino donde tengamos cabida. Me da la impresión de que no somos parte del cambio, que es solo para un grupo de la Argentina; parece que hay otros que sobramos.Susana Mastronardi susumastro@gmail.com“Felicitaciones a Erlich”Porque nadie denuncia como él lo hizo en su tira diaria a los “ídolos” del fútbol y su innecesario afán de protagonismo (¿y codicia?) en publicidades donde recomiendan, con entusiasmo, lo que seguramente ellos no consumen y que de mínima no es saludable y hasta podríamos considerar nocivo. En su intento de vendernos lo que sea y amparados por un Estado que no nos protege, las agencias se valen de la admiración que se les profesa a los jugadores. Ellos parecen encantados de ser utilizados como carnada para influir malamente en sus incontables seguidores. Que estos “celebrities” induzcan al juego y desde su deseable estándar físico atraigan al consumo de comida chatarra y otros productos que no favorecen la salud, ya es grave. Y que si como se busca y sucede, lo hagan a sabiendas de que los van a seguir niños y jóvenes, es una estafa moral. E imperdonable.Salvador D’Aquila salvadordaquila@hotmail.com“La magia no existe”Si alguien creía que 80 años de despilfarro e inmoralidad se iban a solucionar de un día para el otro, estaba muy equivocado. Si sostenía que cambiar la matriz productiva y abrir la economía al mundo iba a resultar fácil y sin costo para nuestras empresas, hizo un diagnóstico erróneo. Corregir la debacle económica, cultural, social e institucional a la que nos llevaron gobiernos populistas durante décadas tiene su costo, pero es el único camino posible para crecer. Hay que eliminar cualquier vestigio de populismo. Las fórmulas mágicas ya sabemos que no existen.Sebastian Perasso Jauregui rugbydidactico@hotmail.com
"Al país le falta convertir todo lo que tiene en producción, trabajo y bienestar"
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