NoticiaMark Zuckerberg, durante las discusiones del juicio que decidió culminar con un multimillonario acuerdo, antes que tener que reconocer que sabían que sus redes generan adicción. Foto: EFE.EDITOR MULTIMEDIA29.08.2026 22:01 Actualizado: 29.08.2026 22:01
Meta, dueña de Facebook, Instagram, Threads y WhatsApp, fundada por Mark Zuckerberg, siempre se caracterizó por su beligerancia jurídica. Por eso sorprendió cómo, a una semana del inicio de una demanda en la que se le acusa de generar graves afectaciones en la salud mental de niños, niñas y adolescentes, decidió tirar la toalla, acordar un pago de US$ 18.000 millones para que culminara el proceso y aplicar modificaciones a sus redes.El proceso se llevaba a cabo en la corte federal de Oakland, California, y la decisión se dio de manera intempestiva. Por ello, además del pago y de la aceptación de ajustar su sistema de gestión y uso para contrarrestar los daños en la salud mental de los menores de edad, la duda persiste: ¿por qué una empresa célebre por su agresividad jurídica capituló tan rápido? LEA TAMBIÉN Michael Coffey, abogado experto consultado por CNN, dijo que este acuerdo “es un jonrón de Mark Zuckerberg”. Los US$ 18.000 millones son una pequeña fracción de los 200.000 millones que esperaban los 47 estados de los Estados Unidos tras la querella, y muy lejos de los US$ 1,5 billones de valoración que tiene la compañía.Según los cálculos del propio litigante, un fallo en contra hubiese significado para Meta al menos US$ 1 billón de multa. De otro lado, Meta logró que el pago se haga a lo largo de diez años, en módicas cuotas y con una cláusula inédita: parte del pago está condicionado a que sus rivales TikTok, Snapchat y YouTube, adopten las mismas restricciones. Foto:AFPEl miedo a la verdadLa preocupación de Meta en este juicio no era económica: fue el pánico al escrutinio público. El testimonio de Arturo Béjar, un exingeniero de la propia compañía, cayó como una bomba en la sala del tribunal, tras revelar cómo la empresa adoptó una política implícita de “no preguntar, no decir” nada sobre los menores.Béjar relató, además, cómo su propia hija había sido víctima de acoso sexual no deseado en Instagram, sin vías claras para denunciarlo. El exingeniero sintetizó la situación con una frase categórica: “Instagram pasó de ser un producto que usas a un producto que te usa”. LEA TAMBIÉN De otro lado, la posibilidad de que Zuckerberg fuese interrogado sobre documentos internos que demostraban que la cúpula sabía el impacto de los algoritmos de desplazamiento infinito, ‘scroll infinito’, y los filtros de belleza en la salud mental y la dismorfia corporal de las adolescentes resultaba impensable para la máquina de ingresos por publicidad digital. Esos ingresos provienen, precisamente, del ‘secuestro cerebral’ al que someten a sus usuarios con algoritmos creados para generar adicción y efecto ‘recompensa’ en el cerebro.Documentos desclasificados revelaron incluso cómo los abogados de la empresa aconsejaron eliminar secciones de investigaciones internas que documentaban la vulnerabilidad del desarrollo infantil para limitar su responsabilidad legal. Enfrentar semanas de filtraciones y titulares diarios habría destruido, además, el valor reputacional de la marca. Foto:Godofredo A. Vásquez. AFPEl negocio de la adicciónEl juicio puso al descubierto el ‘capitalismo de vigilancia’: miles de empresas que ponen su inversión publicitaria en un ecosistema que vende la atención cautiva de las audiencias.Los escritos de las demandas formularon dicha tesis: Meta no comercializa un servicio, sino la adicción que le generan a los usuarios.Mecanismos como el ‘scroll infinito’ (pasar el dedo por la pantalla por horas consumiendo contenido), así como la reproducción automática de videos y las métricas de validación social (‘me gusta’ y reacciones), operan bajo el principio sociológico del refuerzo intermitente, igual que las máquinas tragamonedas. Para un cerebro adolescente, carente aún de una corteza prefrontal totalmente madura para la autorregulación, estas herramientas se convierten en una trampa insuperable. Al comparar el impacto de estas plataformas con el del tabaco o los opioides, los fiscales estatales articularon una verdad incómoda: la arquitectura digital de Instagram y Facebook fue diseñada para cosechar datos mediante la captura compulsiva del tiempo de los jóvenes. LEA TAMBIÉN ¿Medidas serán efectivas?Además del dinero para evitar el juicio, el acuerdo incluye un paquete de reformas técnicas para Facebook e Instagram (solo para Estados Unidos, en Colombia no aplicarían) que incluye límites predeterminados de dos horas diarias para menores de 18 años, apagones nocturnos de la plataforma de 12 a. m. a 6 a. m., el silencio y ocultamiento de notificaciones durante el horario escolar y la eliminación de la cantidad de ‘me gusta’ en las publicaciones, así como de los filtros estéticos en cuentas de menores.Sin embargo, voces críticas y defensores de los derechos de los niños señalan que el acuerdo deja importantes vacíos y rendijas. Muchas de estas restricciones pueden ser anuladas por los padres o esquivadas por los propios jóvenes cambiando sus fechas de nacimiento en los perfiles. Además, el acuerdo no incluye indemnizaciones directas para las miles de familias cuyos hijos han sufrido episodios de depresión, desórdenes alimenticios o pérdidas de vidas. El dinero irá a las arcas estatales para financiar programas generales de seguridad digital. LEA TAMBIÉN Este juicio, sin duda, marca un antes y un después en la jurisprudencia digital. Por primera vez en Estados Unidos se obligará a un gigante tecnológico a modificar la arquitectura interna de su producto por orden judicial, y no solo a ajustar sus políticas de privacidad.Queda derrumbado, por fin, el escudo de la autorregulación que los gigantes digitales han esgrimido por décadas para esquivar la responsabilidad que les corresponde en los daños que generan en la salud mental de sus usuarios. Meta prefirió pagar miles de millones antes que permitir que la justicia abriera la receta de sus algoritmos ante el mundo. Compró la tranquilidad legal y se vistió con la narrativa de ‘responsabilidad corporativa’, pero la discusión ética sobre el costo que la infancia ha pagado por la economía de la adicción digital apenas inicia.JOSÉ CARLOS GARCÍA R.Editor Multimedia@JoseCarlosTecno Sigue toda la información de Tecnología en Facebook y Twitter, o en nuestra newsletter semanal.












