Dicen los manuales de Psicolog�a que el duelo es la reacci�n natural de nuestro cerebro ante cualquier p�rdida significativa. El primer modelo fue descrito hace medio siglo por la psiquiatra Elisabeth K�bler-Ross, experta en enfermos terminales. Sus cinco fases, conocidas por cualquier aficionado a la terapia, son cinco: negaci�n, ira, negociaci�n, depresi�n y, finalmente, aceptaci�n. Y son las mismas que se aplican, paso por paso, como respuesta a la normalidad perdida por los ceut�es hace justo un mes, con la repentina llegada de una avalancha de 72.000 inmigrantes por la frontera marroqu�.�Ceuta es, ahora mismo, una ciudad en duelo�, diagnostica Lola Escalante, presidenta del Colegio Oficial de Psicolog�a de la localidad. �Todos vivimos en alerta permanente. Estamos con el cortisol por las nubes�.- �Y c�mo va el proceso?- Cada uno va pasando este duelo a su manera. Unos mejor que otros, eso es cierto, porque la mayor�a somos analfabetos emocionales. Nadie nos ense�a a manejar los sentimientos. As� que imagina qu� ocurre ante una situaci�n tan al l�mite como la que estamos viviendo.La psic�loga Lola Escalante.ELENA IRIBASBasta charlar con los vecinos de Ceuta para constatar que hoy, cuando unos 5.000 inmigrantes -seg�n el Gobierno- a�n permanecen en la ciudad, la fase de negaci�n ya ha quedado atr�s. Pasaron aquellos primeros d�as de incredulidad, con escenas propias de una peli apocal�ptica de bajo presupuesto, que llevaron a tantos ceut�es a negar la realidad. Los vecinos est�n ahora instalados firmemente en el segundo estadio del duelo, el de la ira, aunque sea una rabia de contornos borrosos, cuyo destinatario va cambiando a lo largo del tiempo.Un foco claro de la aversi�n es el Gobierno, independientemente del partido al que vote cada cual. Si una palabra se repite en las conversaciones con los caballas, como se autodenominan los ceut�es, es �abandono�. Lo perciben por parte del resto de espa�oles, pero se agudiza al hablar de las autoridades a las que la crisis migratoria les pill� de flagrantes vacaciones. �Soy tan espa�ola como la que m�s, pero nos tienen abandona�cos aqu��, se lamenta Teresa Molina, de 89 a�os, quien el viernes se manifestaba, envuelta en una bandera rojigualda, a las puertas de la residencia de ancianos en la que vive.Teresa Molina, en su residencia.ELENA IRIBASEl otro polo de indignaci�n son los propios inmigrantes, v�ctimas de insultos y amenazas en cuanto se aventuran m�s all� de sus polos de concentraci�n, como las chabolas que se amontonan en la playa del Trampol�n o las carpas militares instaladas en Loma Colmenar. Esta semana, los ceut�es m�s soliviantados han plasmado en las calles el silogismo que llevaban d�as elaborando en su mente. Si quieren que los inmigrantes se marchen, deben hacer que su rutina diaria les resulte insoportable. Y, para lograrlo, parecen dispuestos a casi todo: de boicotear el reparto de comida a incendiar sus precarias chabolas.La imagen ha dado la vuelta al mundo y, admiten muchos vecinos, da�a la causa que casi todos comparten: la r�pida salida de los reci�n llegados a su ciudad. Una soluci�n que choca con el laberinto burocr�tico de la legislaci�n migratoria, ideada para solventar casos que llegan en goteo. Desde luego, no para lidiar miles de inmigrantes que buscan techo y comida mientras las autoridades se ven incapaces de algo tan aparentemente simple como completar su filiaci�n.�A m� me duele en el alma, porque yo siempre he sido partidaria de ayudar a todo el mundo�, admite Ana Villegas, due�a de un peque�o negocio de masajes y terapias alternativas. �Pero es que no nos dejan m�s alternativa. Si les facilitamos la vida, con comida y campamentos, se nos quedan aqu� para siempre. La sensaci�n es: 'Si no nos ayud�is vosotros, los gobernantes, pues lo vamos a hacer nosotros'�.Ana Villegas, vecina de Ceuta que organiza paseos con grupos de vecinos para tratar de recuperar cierta normalidad.ELENA IRIBASCuenta Ana que, en aquellos primeros d�as de negaci�n, combati� su �ansiedad� ejercitando uno de sus dones: organizar a la gente en internet. Si ella ten�a miedo a salir al monte, imagin� que habr�a otras muchas mujeres en su misma situaci�n, as� que mont� un grupo de WhatsApp, Ceuta Camina, para dar paseos en grupo. �A los dos d�as �ramos 200 y ahora rondaremos las 300�, cuenta la joven, que hace coincidir el final de las caminatas con el arranque de las manifestaciones vespertinas contra �la invasi�n�.Porque ese asunto, el de los cr�os, es quiz� el que m�s ira suscita estos d�as entre los ceut�es. Hasta ahora, en vacaciones escolares, han capeado la situaci�n como han podido. Pero el martes 8 arranca el curso y cuesta encontrar un vecino que planee mandar a sus chavales a clase, pese a que se haya prometido seguridad privada en los centros, m�s agentes en rutas y recreos, m�s un plan de salud mental para toda la comunidad educativa. �Ya te digo yo que los m�os no van a ir�, dice Dolores Villanueva, que hoy se ha dado �el capricho� de llevar a sus cinco sobrino-nietos a una piscina municipal.- �Por qu�?- No me f�o, no me f�o. Nos iremos turnando como podamos, pero los cr�os de mi familia no van a ir al colegio en estas circunstancias.Kissy Chandiramani, vicepresidenta del Gobierno de Ceuta y consejera de Econom�a.ELENA IRIBASLas autoridades ceut�es, corresposables de la vuelta al cole, administran como pueden una situaci�n imposible. Suya es la obligaci�n de que la ira ciudadana, que se va acumulando como la maleza seca en los bosques, no prenda en un estallido popular como el que se ha rozado esta semana. Pero tampoco pueden pasarse de frenada: saben que toca apretar al Gobierno y a su delegado para la crisis, el ministro �ngel V�ctor Torres, al que piden m�s eficacia y rapidez en sus actuaciones.�Queremos volver a la Ceuta del 29 de julio�, repite, como un mantra, Kissy Chandiramani, vicepresidenta de la ciudad y consejera de Hacienda, en referencia a la v�spera de la entrada masiva de inmigrantes. �Nuestro duelo no es porque Marruecos haya roto la frontera, por muy doloroso que fuera. Nuestro duelo es porque quien tiene el deber de protegernos, el Gobierno central, no lo est� haciendo�.Tambi�n se enfrenta a un dilema endiablado �frica Monsalve, abogada de extranjer�a. Ella sufre como ciudadana las consecuencias de la �violaci�n total de la frontera� de hace un mes. Pero, al mismo tiempo, le toca �aplicar la ley� a los casos que se agolpan en su despacho en las �ltimas semanas. Busca resquicios legales que permitan que sus clientes puedan quedarse en territorio espa�ol, aunque ello dificulte la convivencia vecinal.As� ha ocurrido con una de sus nuevas clientas, quien ha obtenido el asilo expr�s por su condici�n de v�ctima de violencia de g�nero. La joven sufre secuelas f�sicas y mentales tras una agresi�n en la que, literalmente, la golpearon hasta abrirle el cr�neo. Tras aportar im�genes que documentaban la gravedad del ataque, la chica ha obtenido los papeles en un tiempo inusualmente r�pido.�frica Monsalve Pizarro, abogada especializada en extranjer�a.ELENA IRIBASOtro que ha visto crecer su carga de trabajo es Tami Abdezelam, sepulturero en el cementerio musulm�n. Si un mes normal le toca enterrar a 15 o 20 ceut�es, este mes ya roza el centenar, incluyendo a los 87 fallecidos en la avalancha cuyos cuerpos rechaz� Marruecos. �La mayor�a eran muy j�venes, pobres diablos enga�ados por su pa�s�, afirma con voz apenada. �Estoy acostumbrado a mi trabajo, pero yo tambi�n tengo coraz�n y me duele�.Y es ese dolor el que finalmente vuelve al despacho de nuestra psic�loga, Lola Escalante, en cada consulta. Durante todo el mes, ha aparcado los problemas de sus pacientes para, lo primero de todo, acompa�arles en la p�rdida que supone el cambio sufrido por su ciudad. Cuenta que son muchos los ceut�es cuyos antepasados tuvieron que irse de Marruecos, dejando casas atr�s en T�nger o Tetu�n. Es un poso hist�rico dif�cil de entender fuera de aqu�, admite, pero es uno de los ingredientes que alimenta el odio que, un mes despu�s, envenena los 20 kil�metros cuadrados de un enclave sacudido por el duelo.- Si Ceuta fuera tu paciente, �qu� le diagnosticar�as?- Abandono -replica de inmediato-. S� que vivimos una situaci�n compleja, pero necesitamos que alguien en posici�n de autoridad nos cuente la verdad.