Cuando pensamos en el duelo, casi siempre lo asociamos con la muerte de un ser querido. Sin embargo, desde la psicología entendemos que el duelo es un proceso de adaptación que se pone en marcha cada vez que perdemos o no conseguimos algo significativo para nosotros. Y esas pérdidas son mucho más frecuentes de lo que solemos imaginar. A lo largo de la vida atravesamos innumerables despedidas. Una separación de pareja, la pérdida de un trabajo, un cambio de ciudad, un proyecto que no pudo concretarse, una amistad que se fue apagando, un embarazo que no llegó, una enfermedad que obliga a dejar atrás la vida que conocíamos, la jubilación, la pérdida de una mascota o incluso la renuncia a una versión de nosotros mismos. También hacemos un duelo por aquello que nunca ocurrió: la carrera que no pudimos estudiar, el hijo que imaginábamos tener, la familia que soñábamos formar, el reconocimiento profesional que esperábamos alcanzar o la vida que pensábamos que íbamos a vivir y que, por distintos motivos, tomó otro rumbo.
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