La muerte necesita rituales para ser elaborada. En una sociedad centrada en la productividad individual, el duelo complicado no es solo un creciente fenómeno clínico, sino un síntoma cultural

Creo que la frase que he repetido más como psiquiatra es “tenemos que evitar patologizar el sufrimiento humano”. Y el duelo, esa reacción emocional necesaria tras la pérdida de un ser querido, es la máxima expresión de ello. Por eso insisto siempre en que no debemos pretender tratar el duelo, ni con fármacos ni con terapia;

bienestar/2025-11-09/jose-gonzalez-psicologo-especialista-en-duelo-hay-que-explicarles-a-los-ninos-que-todos-vamos-a-morir.html" target="_blank" rel="" title="https://elpais.com/salud-y-bienestar/2025-11-09/jose-gonzalez-psicologo-especialista-en-duelo-hay-que-explicarles-a-los-ninos-que-todos-vamos-a-morir.html" data-link-track-dtm="">debemos atravesarlo, transcurrir por él, dejarnos cambiar por él. A lo largo de la historia, sobrevivir a un ser querido ha supuesto un acontecimiento público, estructurado y dilatado en el tiempo, en el que las comunidades ofrecían un marco cultural para contener y encauzar el dolor. Esos rituales -que hoy orgullosamente desdeñamos- ofrecían llorar, acompañar, narrar y recordar (esto es, lo que necesitamos en esos momentos). En cambio, nuestra sociedad del rendimiento y del placer convierte este sufrimiento en una anomalía individual que hay que resolver pronto, y ofrece para ello: distracción forzada, positividad, psicología exprés y ansiolíticos. Aborda el duelo como una molesta y tonta depresión que se irá si no le hacemos demasiado caso. Pero no suele irse y, al cabo de un año o más, a pesar de los múltiples “hay que seguir adelante”, “sal de esto” y “sé fuerte”, la persona desolada acude a la consulta, convertida en paciente, a recibir un tratamiento.