0:000:00El audio de esta noticia está generado mediante Inteligencia ArtificialLa Cabalgata en piedra de las valquirias que enmarca la boca del escenario del Palau de la Música Catalana parecía cobrar vida ayer por encima de los músicos de la Orquesta del Festival de Bayreuth durante uno de los conciertos más emocionantes que ha vivido el wagnerismo catalán en su siglo y medio de vida. O algo más de siglo y medio, pues la chispa inicial la activó Anselm Clavé, el fundador del movimiento coral catalán, al dirigir por primera vez Wagner en Barcelona. Fue en 1862 con la marcha de Tannhäuser por la coral Euterpe en los desaparecidos jardines de los Camps Elisis (en el paseo de Gràcia), y tuvo tal éxito que el público obligó a repetirla.Ayer, en el Palau que nació de esa tradición coral –y en cuya fachada se erige el busto del querido Richard–, las chispas wagnerianas saltaban ya antes de comenzar el concierto. Los músicos más avezados en el repertorio wagneriano recalaban de nuevo en Barcelona –tercera visita ya– para celebrar de la mano del Festival de Peralada y del propio Palau sus 150 años de historia. Y otros tantos del estreno de la tetralogía de El anillo del nibelungo, el drama sobre la lucha por el poder para el que Wagner se hizo construir el teatro en la mencionada localidad bávara. El nuevo maestro español especialista en Wagner, Pablo Heras-Casado, anticipaba desde el podio del Palau lo que será su cometido los próximos veranos en Bayreuth: dirigir la tetralogía.Lee tambiénLa batuta granadina escogió los finales de cada título que contienen la intensidad pulposa de las partituras de Wagner. Y se sirvió de voces solistas: Catherine Foster, la Brünnhilde en los últimos Anillos de Bayreuth; Klaus Florian Vogt, el tenor que más ha cantado en la Colina Verde en los últimos 25 años, y el bajo-barítono de Alabama Nicholas Brownlee, a quien el público agasajó por su voz rocosa e imponente (y que será Wotan en la producción de Munich que llega al Liceu).Pablo Heras-Casado eligió la intensidad pulposa que contienen los finales de cada título de la tetralogíaEl público que abarrotaba la sala no podía esperar para aplaudir al final de cada fragmento. Heras-Casado llevaba la orquesta –de predominancia masculina– de la transparencia necesaria a la densidad venenosa wagneriana. Tras el bis con la Cabalgata de las valquirias , la standing ovation no se hizo esperar: noche histórica gestada en un pim-pam por la amistad entre Peralada y Bayreuth.Noventa y cinco músicos habían aterrizado de Viena a media mañana procedentes del festival de Grafenegg, donde el día antes habían ofrecido un programa basado en el Parsifal que la batuta granadina ha estado estos veranos dirigiendo en Bayreuth. En la vida esta orquesta que forman los mejores músicos alemanes y europeos para Wagner –entre ellos estaba el trompa valenciano Adrián Díaz– han salido en una gira de más de un destino. Pero en el Palau emprendía una gira que sigue por el Festival de Santander, la Maestranza de Sevilla, el Real de Madrid y Les Arts de Valencia.“Todo el mundo está entusiasmado”, decía Oriol Aguilà, el director artístico del Festival de Peralada, que concluía por todo lo alto su 40.ª edición. “Este concierto lo vive Peralada como una celebración del hecho de ser festival en Europa. Y en estos momentos en que Europa explica su lugar en el mundo el rol de los festivales y su aportación a las artes y la cultura tienen su trascendencia en el legado europeo, y con una mirada contemporánea”, añadía. La bisnietísima Katharina Wagner, su homóloga en Bayreuth –que al final no pudo viajar–, comparte esa visión de dos festivales hermanados poniendo en valor la celebración comunitaria de un concierto que es un signo de identidad europeo por antonomasia.“El rol de los festivales en el arte y la cultura tiene su trascendencia en el legado europeo”, dice AguilàEl miedo a no vender el aforo un 29 de agosto se disipó cuando pocas horas antes quedaban libres solo butacas en puntos residuales de la sala. Los muy wagnerianos no dudaron en adelantar el regreso vacacional. Y había público europeo y medios internacionales que se organizaron para asistir. La coproducción Peralada-Palau tenía riesgo, pero la idea de obra de arte total que conecta el wagnerismo con el modernismo vio la luz.Al fenómeno fandom corría paralelo el catalanismo. No en vano la anterior visita de los de Bayreuth, en vísperas del 11-S del 2012 y en pleno procés, lo vivieron algunos como una segunda Renaixença. Ayer no faltaron el president del Parlament, Josep Rull; la consellera de Cultura, Sònia Hernández, y el conseller de Presidència, Albert Dalmau, además de una red de entusiastas como Joan Magrané, Alberto García Demestres, Santi Moix, Serena Sáenz o Aleix Martínez.Es redactora de La Vanguardia desde 1989, responsable en los últimos años de las áreas de ópera, danza y música clásica para la sección de Cultura. Anteriormente se especializó en temas de igualdad entre sexos y solidaridad. Ha publicado series sobre la prostitución y la evolución de las costumbres sexuales. Nacida en 1967 en Tortosa, en la comarca del Baix Ebre, es licenciada en Periodismo por la Universitat Autònoma de Barcelona y en fotoperiodismo por el International Center of Photography de Nueva York