El Festival Wagner de Bayreuth cumple este verano 150 años con escenarios repartidos por toda la urbe. Un motivo de peso para escaparse a la ciudad bávara, donde también esperan la Ópera del Margrave, patrimonio de la Unesco, o el Palacio Nuevo

No hace falta ser melómano empedernido para saber lo que se cuece cada verano en la ciudad alemana de Bayreuth. Y no tiene que ver con el calor: desde 1876, se celebra un festival de ópera que se sacó de la manga Richard Wagner, construyendo un teatro a su gusto en una verde colina (Grüne Hütte) a las afueras del casco urbano de entonces. Un teatro singular, carísimo —pero pagaba el rey de Baviera, Luis II, admirador enfermizo de Wagner—, en el cual la orquesta queda oculta bajo el escenario para que brillen más las voces. Aquel año, Wagner estrenó allí su tetralogía El anillo del Nibelungo, ciclo que comprende cuatro óperas: El oro del Rin, Sigfrido, Las Walkirias y El ocaso de los dioses. Y este 2026, el Festival Wagner de Bayreuth cumple 150 años, por lo que la ciudad bávara se dispone a vivir un verano muy especial

Desde entonces, cada temporada (este año, entre el 25 de julio y el 26 de agosto) melómanos fervientes (y pudientes) peregrinan a Bayreuth con el ánimo dispuesto a aguantar las más de cinco horas, solo de música, de algunas óperas wagnerianas; los compasivos organizadores incluyen, entre actos, un par de pausas de una hora o más para que los asistentes puedan salir a merendar o cenar, cualquiera sabe a esas horas. En el festival se representan normalmente todas las óperas de Wagner, y en esta edición especial se va a poder ver por primera vez Rienzi, obra primeriza del maestro que él consideraba de rango inferior al resto de su producción.