Por Pedro Pablo Cortés |

Miami (EFE).- Carlos Rodríguez es uno de cuatro cubanos que Estados Unidos dejó, junto con un brasileño, en Guinea Ecuatorial tras resistirse a ser de los primeros deportados a Liberia, por lo que siente que lo están «traficando», mientras su esposa e hija, ciudadanas estadounidenses, buscan auxilio desde Florida.

Rodríguez y los otros inmigrantes latinos viajaban en el primer vuelo de deportados a Liberia, una nación africana que la semana pasada reveló que aceptó recibir a 1.200 personas de terceros países trasladados por Estados Unidos.

Pero ante la resistencia de estos cinco inmigrantes, sometidos por los agentes, las autoridades se negaron a acogerlos y los separaron del resto del grupo, según contó el cubano en una entrevista con EFE por videollamada en la vivienda de su esposa en Miami.

«Nos bajaron con violencia del avión y nos tuvieron en el piso con la bota puesta sobre las cadenas que traíamos puestas en pies y manos, y parece que al (gobierno) de Liberia no le gustó eso y nos mandaron a virar para atrás», relata Rodríguez, de 35 años de edad.