La cuestión es: ¿porqué EE UU rechaza acudir a la cumbre de la ONU sobre el clima pero sí asiste a la de tierras y sequías? “No estoy autorizado para responderte a esa pregunta?”, dice como un autómata un delegado de la Administración Trump durante la COP17, convocada por la Convención de la ONU de Lucha contra la Desertificación (UNCCD, por sus siglas en inglés), y celebrada durante 11 días hasta este sábado en Ulán Bator (Mongolia). Delegados de otros países lanzan sus cábalas: negocios. Aquí se tratan temas de agricultura y de gestión de tierras. Si participa, puede enterarse de los debates a puerta cerrada e influir en ellos. Como ha hecho. Estaba pendiente aprobar en esta cumbre un acuerdo global contra la sequía, pero los 196 países además de la UE que deben decidirlo lo han vuelto a posponer hasta la COP18 de 2028, en Egipto. Y Estados Unidos ha defendido la posición más dura. En un extremo de la negociación estaban los países africanos, que apenas emiten un 4% de dióxido de carbono del planeta y sufren de manera muy agresiva los impactos de un cambio climático que no provocan. Sus delegados exigen un protocolo que comprometa a otros países a financiar parte de la gestión de las sequías en sus territorios. Y en las antípodas de la negociación se situaba Estados Unidos, el mayor emisor de la historia de los gases de efecto invernadero, que se ha negado en rotundo a sus principales demandas. La UE tampoco quería comprometerse en la financiación, y ofreció alternativas que apenas pudieron ser debatidas. Lo que se ha garantizado es blindar que las sequías se sigan trabajando como un punto independiente de la agenda. Pero el tiempo apremia. “Increíblemente los gobiernos no han logrado este acuerdo. Europa ha sufrido una sequía histórica, mientras que los niveles de agua del río Colorado en EE UU han descendido a sus mínimos. Y la fuerza de El Niño podría exacerbar sequías devastadoras desde el sur de África hasta la Amazonia”, protesta la organización de humedales Wetland International. Los datos apuntan a que, sin medidas contundentes, la situación empeorará. Las sequías han aumentado un 29% desde el año 2000, son letales para las personas y los ecosistemas, y generan pérdidas de al menos 260.000 millones de euros cada año. Disminuyen además el rendimiento agrícola, interrumpen el transporte fluvial, afectan a la producción de energía, fuerzan migraciones, provocan incendios e inundaciones y generan conflictos. Parte de la solución a las sequías está en restaurar los suelos, y según la ONU, el 40% de la superficie del planeta ya está degradada. La COP17 ha centrado sus esfuerzos en incluir a todas las personas vinculadas en su reparación, pero EE UU ha vetado que se trataran en la agenda puntos consensuados como el género, la participación de la sociedad civil y las sinergias entre la tierra, la biodiversidad y el cambio climático, que responden a los temas de las tres convenciones aprobadas en Río de Janeiro en 1992. Esas negociaciones se han aplazado directamente hasta la COP18. También ha bloqueado palabras, como hicieron Argentina y Paraguay en la COP del clima de Belém de 2025. Un ejemplo: en el texto consensuado para posponer el acuerdo para la sequía no aparecen los términos género, ni sociedad civil, ni indígenas. Los demás delegados han tenido que cambiar las nomenclaturas para adoptar las resoluciones. Entre algunos asistentes han venido a llamarlas “las palabras Voldemort”, en referencia al antagonista de la saga de Harry Potter y conocido como “el que no deber ser nombrado”. Era aceptar el requisito o dinamitarlo todo. Y esta ha sido la actitud compartida. “Hemos adoptado las decisiones para proteger el multilateralismo y salvaguardar la convención. Pero vamos a trabajar para que no se repita”, declara la líder indígena Hindou Ibrahim, que encabezó una manifestación dentro de la COP contra el veto de EE UU. Para poder avanzar han visto como los pueblos indígenas y la sociedad civil han pasado a llamarse “toda la gente”. Para aprobar el acuerdo sobre la posesión de la tierra, la palabra género se ha sustituido por “mujeres y niñas”. Y el género en este ámbito es especialmente relevante: Ellas poseen menos del 15% de las tierras agrícolas del mundo, a pesar de que representan casi la mitad de la fuerza laboral agrícola, recoge la ONU. “Nos duele especialmente que en cuestiones capitales como la perspectiva de género, las sinergias entre las tres convenciones de Río y la participación de la sociedad civil no se haya podido avanzar”, considera desde Ulán Bator María Jesús Rodríguez, directora general de Biodiversidad del ministerio para la Transición Ecológica de España.De entre los textos más relevantes, también se ha pospuesto el de las migraciones, pero se ha aprobado un acuerdo sobre las tormentas de arena y polvo, otro que implica al sector privado, y el de los pastizales. Este último es de especial relevancia en esta edición, que estaba dedicada los pastores y a estos ecosistemas, que ocupan un 54% de la superficie del planeta y absorben un 30% del dióxido de carbono global. La UNCCD considera que los pastizales son ignorados en las políticas y las inversiones: “contienen aproximadamente un tercio de las áreas clave para la biodiversidad del mundo, pero solo figuran en los planes nacionales sobre el clima de 24 países, frente a los 181 en los que se incluyen los bosques”, informa. Actividad fuera de las negociacionesMás allá de los acuerdos políticos, y consciente de que el multilateralismo está en crisis, la convención quiso reforzar el trabajo que se hace fuera de las ásperas negociaciones. Una de las medidas estrella ha sido el anuncio por parte de varios gobiernos, bancos de desarrollo, fondos y empresas de una cartera de financiación de 1.120 millones de euros para la restauración de tierras y la resiliencia ante la sequía en 23 países. “Nos marchamos con más decisiones políticas, una base científica más sólida, mecanismos de financiación innovadores, canales de inversión y alianzas que ayuden a llevar las soluciones a gran escala”, declaró la secretaria ejecutiva de la convención, Yasmine Fouad, al terminar la cumbre.Entre otras medidas, Brasil se comprometió a restaurar más de 163.000 kilómetros cuadrados de tierras para alcanzar su objetivo voluntario de neutralidad en la degradación del suelo para 2030. También fue aclamado el lanzamiento del Fondo de Inversión para la Resiliencia a la Sequía, el primer fondo catalítico (con mayor riesgo) que usará dinero público para atraer inversiones privadas para resiliencia a la sequía y que espera movilizar hasta 345 millones de euros. Este fondo es una apuesta conjunta de la UNCCD, el Gobierno de Luxemburgo y la Alianza Internacional para la Resiliencia a la Sequía (IDRA), una iniciativa lanzada por los Gobiernos de España y Senegal en 2022. En esta COP, España ha aportado otros cinco millones de euros a la alianza, que se suman a los cinco millones de 2022. El observatorio de IDRA mostró también los avances del primer índice de resiliencia a la sequía, un dato que ofrece información para ayudar a los gobiernos a priorizar medidas de actuación. Ha habido además centenares de reuniones, conferencias, encuentros e iniciativas en las que han participado unas 30.000 personas entre políticos, organizaciones de la sociedad civil, sector privado y comunidades indígenas. “Es increíble el movimiento que hay ahora en estas COP fuera de las negociaciones. La posición que han tomado en esta edición los pastizales y la agricultura positiva para la naturaleza ya ha creado nuevas esperanzas para miles de millones de personas”, considera el responsable de agricultura y alimentación de WWF, Joao Campari, que ha acudido a unas 15 cumbres de la ONU en la última década. “Cuando los gobiernos olvidan sus responsabilidades, una sociedad civil fuerte, las ONG y el sector privado pueden continuar con esta labor”, declaró Andrea Meza, secretaria ejecutiva adjunta de la UNCCD durante la COP. Hay una expresión que resume el pálpito de la mayoría de los asistentes, que con el panorama geopolítico visto, casi sienten como un éxito haber mantenido lo que ya existía. Se podría concluir que es la COP en la que “al menos, algo”. La cobertura de la COP17 es posible gracias a una de las seis Becas para Reporterismo que ha conseguido EL PAÍS concedidas por la UNCCD.