196 países están reunidos en la capital de Mongolia para tratar frenar la desertificación del planeta. Ulán Bator está a 10.000 kilómetros de España, pero la degradación del suelo que allí se trata es un problema cercanísimo: más de la mitad de la superficie española está desertificada, según el cálculo más reciente del Centro Conjunto de Investigación de la Comisión Europea (JRC, por sus siglas en inglés).

España encabeza el ránking de la desertificación en la Unión Europea por delante de Chipre (45%) y Grecia (36%). El mismo trabajo —publicado este mes de agosto— calcula que, en este país, cerca de 20 millones de personas, en torno a un 43%, viven perjudicadas por este fenómeno.

El catedrático de Análisis Geográfico de la Universidad de Alicante, Jorge Olcina, cuenta que este problema “pasa muy desapercibido. Hay trabajo en niveles técnicos, pero la inversión para evitar sus efectos es poca. Hay buena disposición, pero pocas acciones para la recuperación de suelos”.

El investigador añade que, además, “los incendios pavorosos que estamos viendo empeoran la degradación que luego con las lluvias recrudece la erosión del suelo. Y el proceso no va a ir a menos, sino a más. Tanto por el cambio climático como por la degradación causada por los humanos”.