29 de agosto, 2026 - 06h00La coyuntura nacional e internacional demanda que los ecuatorianos dejemos de lado nuestras diferencias y tracemos un camino que transforme los temas de confrontación política en políticas de Estado. En ciencia política, la experiencia de sociedades divididas demuestra que fuerzas políticas antagónicas pueden alcanzar acuerdos cuando están en juego la estabilidad y la supervivencia de la nación. Arend Lijphart (1977) estudió cómo la cooperación entre élites enfrentadas puede contribuir a preservar la democracia en sociedades fragmentadas.Los acuerdos nacionales pasan a ser un consenso de los límites para enfrentar grandes adversidades, antes que un consenso de ideas. Implican reconocer que pese a las discrepancias, válidas en una democracia, es esencial dejar de lado temporalmente la lucha política para enfrentar unidos los peligros que acechan al pueblo y ponen en riesgo la supervivencia y la soberanía del país.Los problemas estructurales y coyunturales que enfrentamos requieren que los liderazgos antagónicos demuestren su condición de estadistas. El éxito o fracaso del Ecuador está en juego. No caben divagaciones. Estamos entrampados en nuestras contradicciones, sin poder enfrentar los peligros. Necesitamos acuerdos mínimos que rebasen los periodos de los gobiernos democráticos y fijen objetivos nacionales permanentes para enfrentar los desafíos de las próximas décadas. Necesitamos soluciones para trabajar con el “poder nacional” durante 15 o 20 años.Los Pactos de la Moncloa en España y la Concertación en Chile nos recuerdan que los grandes acuerdos no se construyen entre amigos, sino entre adversarios que comprendieron que, sin una base de entendimiento, todos perdían. Ambas experiencias surgieron de procesos de transición tras dictaduras que dejaron marcadas a sus sociedades.Hoy nos enfrentamos a amenazas internas e internacionales. Conocemos las internas y podemos alcanzar acuerdos mínimos que garanticen nuestra supervivencia como nación, en un mundo que amenaza con avasallarnos y volvernos dependientes de las potencias dominantes.En el mundo, están en riesgo principios y valores que por décadas consideramos conquistas de la humanidad: los derechos humanos, la democracia, el Estado de derecho y un orden internacional basado en normas. Discursos de odio y expresiones que antes provocaban rechazo hoy se pronuncian abiertamente, debilitando valores sobre los que se construyeron nuestras sociedades.En un entorno donde las potencias hegemónicas relegan el derecho internacional y recurren a la fuerza militar y económica para ampliar sus esferas de influencia, a una nación digna como la nuestra no le queda sino mantener sus principios para conservar su alma.Es hora de la verdad. Necesitamos acuerdos entre todos los actores nacionales: Ejecutivo, Legislativo, Función Judicial, Fuerzas Armadas, Policía, Iglesia, universidades, sector productivo, organizaciones de la sociedad civil y todos los ciudadanos de buena voluntad. Es necesario deponer las luchas estériles para abordar el destino de la nación.La unidad que demostramos en el conflicto del Cenepa, la pasión con que defendemos a la Tri y el compromiso del “Sí se puede” me permiten tener esperanza en un futuro como nación digna y soberana. (O)
Luis Gallegos Chiriboga: Acuerdos urgentes para la supervivencia del Ecuador | Columnistas | Opinión
En el mundo, están en riesgo principios y valores que por décadas consideramos conquistas.
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