Una combatiente de las FDS, tras la derrota territorial del Estado Islámico en 2019, en el campo petrolero de Al Omar, Deir al Zor, Siria, ahora bajo control del gobierno sirio (REUTERS/Rodi Said)El martes pasó algo que hace un año parecía imposible: los kurdos sirios anunciaron el fin de su propio ejército. Desde el Palacio del Pueblo en Damasco, el comandante Mazloum Abdi dijo la frase que resume catorce años de guerra: “Anunciamos hoy el fin de la misión de las Fuerzas Democráticas Sirias (FDS) y declaramos, con plena responsabilidad, su disolución”.¿Qué eran las FDS? Una alianza de milicias, con los kurdos como columna vertebral, que Estados Unidos armó en 2015 para pelear contra el Estado Islámico. Fueron, durante años, la fuerza más efectiva contra los yihadistas en el terreno. A cambio de esa alianza, terminaron controlando casi un cuarto de Siria: petróleo, ciudades, fronteras, un gobierno propio. Ahora, todo eso pasa a manos de Damasco, sin disparos ni resistencia.PUBLICIDADLa respuesta corta es: porque a los kurdos no les quedaban muchas más opciones. En enero de este año, el ejército sirio lanzó una ofensiva que en pocas semanas les quitó a las FDS alrededor del 80% del territorio que controlaban, según datos del Global Conflict Tracker del Council on Foreign Relations. Ciudades como Raqa y Deir al Zor, que los kurdos habían liberado del Estado Islámico años atrás con miles de vidas, cambiaron de manos casi sin pelea, porque las tribus árabes que integraban las FDS se pasaron de bando.Combatientes tribales posan con niños locales tras tomar el control de Raqqa de manos de las FDS, enero de 2026. La deserción en masa de las tribus árabes —que nunca asumieron el proyecto kurdo como propio— facilitó el colapso del 90% del territorio del Rojava en dos semanas (AP Photo/Ghaith Alsayed)A esa derrota militar se sumó algo todavía más determinante: Estados Unidos les soltó la mano. Washington fue el gran padrino de los kurdos sirios durante una década, pero después de la caída de Bashar al Assad en diciembre de 2024, el gobierno de Donald Trump apostó por construir una relación con el nuevo presidente sirio, Ahmed al Sharaa, y dejó de proteger a sus antiguos socios kurdos. Sin ese paraguas, seguir resistiendo no tenía sentido.PUBLICIDADLo que se firmó el martes viene de un acuerdo más viejo: Abdi y al Sharaa lo habían pactado el 29 de enero, y lo reforzaron en marzo con un marco que incluía garantías culturales y lingüísticas para los kurdos. Tardó ocho meses en concretarse porque había puntos muy delicados para resolver: las estructuras de mando militar, la gobernanza de las ciudades del noreste y, sobre todo, qué hacer con las combatientes mujeres de las FDS, algo que chocaba con la mirada más conservadora del nuevo gobierno sirio encabezado por al Sharaa, un ex líder yihadista que rompió con Al Qaeda antes de liderar la ofensiva que derrocó a Assad.
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