Las Fuerzas Democráticas Sirias (FDS), el paraguas de grupos y combatientes liderados por las milicias kurdas, son ya historia. La organización que fue clave en la derrota de los yihadistas del Estado Islámico y que, con el apoyo de Estados Unidos, se convirtió en uno de los actores militarmente más poderosos de la guerra civil en Siria (2011-2024), hasta llegar a controlar más de un tercio del país, anunció este miércoles su disolución e integración en la estructura del Estado, como colofón del acuerdo firmado en enero con el Gobierno sirio. “Comparecemos en un momento histórico para pasar una página importante de la historia de Siria y marcar el comienzo de un nuevo capítulo de paz, estabilidad y consolidación nacional”, anunció Mazlum Abdi, comandante de las FDS en el palacio presidencial de Damasco, ante la plana mayor del Ejecutivo que preside Ahmed al Shara, quien, durante la guerra, lideró uno de los grupos yihadistas contra los que combatieron las milicias kurdas. Hace un lustro, una imagen así —el comandante kurdo y el salafista negociando el futuro de Siria— habría sido impensable. Pero, desde que las fuerzas de Al Shara y otros grupos rebeldes derrocaron a Bachar el Asad en diciembre de 2024, han ocurrido tantas cosas antaño inimaginables: un antiguo representante de Al Qaeda como el actual presidente sirio ha sido aceptado en la escena internacional e incluso recibido en la Casa Blanca; se han ido levantando sanciones que pesaban sobre el país desde antes de la guerra, y, esta semana, EE UU sacó a Siria de la lista de estados que patrocinan el terrorismo, después de 47 años.“Desde su fundación, las FDS han asumido una inmensa responsabilidad […] Liberaron numerosas ciudades y pueblos sirios, primero del gobierno baazista y después del terrorismo del ISIS [Estado Islámico por sus siglas en inglés]. Nuestros combatientes, hombres y mujeres, ofrecieron lo más precioso: sus vidas. Miles de mártires se sacrificaron por asegurar un futuro a los hijos de Siria”, recordó Abdi. Al inicio de la guerra civil, en 2011, el Partido de la Unión Democrática (PYD por sus siglas en kurdo), conformó las milicias YPG (y luego la milicia femenina YPJ) para defender los enclaves kurdos de Afrin, Kobane y Yazira, que se convirtieron en cantones autogestionados. Su heroica resistencia ante los avances de grupos islamistas radicales como el Frente al Nusra o el ISIS en el norte de Siria e Irak atrajo la atención de Washington, que los comenzó a armar para luchar contra la amenaza yihadista. El problema era que estas organizaciones estaban orgánicamente vinculadas al PKK, la guerrilla fundada por kurdos de Turquía que sigue incluida en listas de organizaciones terroristas de Estados Unidos y la Unión Europea. Así que, en 2015, las YPG y las YPJ —junto a milicias menores de rebeldes árabes, asirios y otras minorías— conformaron las FDS, que progresivamente fueron conquistando todo el territorio al noreste del río Éufrates, que gobernaban a través de una administración autónoma. Sin embargo, las FDS siguieron lideradas por cuadros de las YPG y el PKK, lo que motivó continuas protestas y tres intervenciones militares de Turquía contra las fuerzas kurdas. Según cálculos del Observatorio Sirio de Derechos Humanos, unos 18.000 milicianos kurdos murieron durante un conflicto que, según diversas estimaciones, causó la muerte de al menos 350.000 combatientes y 200.000 civiles.“Pero las circunstancias han cambiado”, prosiguió Abdi en su histórico discurso, justificando la disolución de las FDS en la necesidad de “una transición verdadera de los campos de batalla a los campos de la construcción de la paz”. Tras la caída de El Asad, Abdi y Al Shara firmaron en marzo de 2025 un acuerdo de reintegración de la estructura de la administración autónoma kurda en el Estado sirio, pero sus escasos progresos hicieron que Damasco y, sobre todo, Turquía (gran valedor del Gobierno de Al Shara y que, en paralelo, negocia un proceso de desarme con el PKK) fuesen perdiendo la paciencia. En enero de este año, las fuerzas gubernamentales marcharon sobre los territorios controlados por las FDS y numerosas milicias árabes anteriormente aliadas de los kurdos —pero reticentes a ser gobernadas por ellos— se cambiaron de bando. Y las FDS se vieron obligadas a rendirse en unos términos menos favorables a los firmados el año anterior.Eso sí, antes de su ofensiva final, Al Shara firmó un decreto reconociendo a los kurdos como parte integral de Siria, otorgando el derecho a la educación en kurdo y restituyendo la ciudadanía a los cientos de miles de kurdos que fueron despojados de ella por el régimen de El Asad. En los meses desde esta firma, las fuerzas gubernamentales han tomado el control de las fronteras que anteriormente estaban en manos de las FDS y se sigue trabajando en la fusión de las estructuras administrativas de ambos lados, algo especialmente complicado en los campos de la justicia, la administración local (el autogobierno kurdo tenía diversos órganos participativos de base) y la economía (los kurdos subvencionaban sectores esenciales mientras que el Gobierno de Al Shara apoya la liberalización económica). En cambio, la integración en el ejército de los milicianos kurdos ha avanzado rápidamente. Miles de combatientes se han incorporado a la 60ª División, bajo el mando de oficiales kurdos. El comandante en jefe de las YPG, Sipan Hemo, ha sido nombrado viceministro de Defensa a cargo del este de Siria y la prensa siria asegura que Ilham Ahmed, copresidenta de la administración autónoma kurda, recibirá un cargo de peso en el Gobierno. También hay rumores sobre el futuro de Abdi, que hasta ahora ha declinado todas las ofertas de cargos: algunos medios aseguran que se convertirá en asesor de Al Shara, otros que entrará en política con un nuevo partido.El mayor interrogante en la integración militar es el futuro de la milicia femenina YPJ. Las actuales Fuerzas Armadas sirias están conformadas por antiguos milicianos que, en su mayoría, provienen de grupos islamistas muy conservadores y para los que ver una mujer en uniforme es anatema. Por tanto, Damasco ha ofrecido a las YPJ integrarse en el Ministerio de Interior, donde sí se prevé fuerzas policiales femeninas, pero las milicianas sostienen que, siendo militares profesionales bien bregadas en el combate, deben quedar bajo el mando del Ministerio de Defensa.