En 2016, China invirtió más de 40.000 millones de euros en Europa; pero en 2023, esa cifra había caído a 6.800 millones. Hablamos de una reducción del 83% en siete años. No podemos aducir que esto sea resultado de las regulaciones europeas, sino de decisiones chinas debido a mayores controles de capital en Pekín, menor apetito por activos occidentales en sectores maduros y una reorientación estratégica hacia los mercados emergentes de Asia, África y América del Sur.

Estos datos invalidan la narrativa de que Europa estaba siendo "comprada" de forma sistemática por Pekín, dado que la realidad es más compleja, y seguramente más incómoda, para quienes han construido su agenda política sobre esa premisa.

El capital que sí llegó

Mientras el debate político se centraba en bloquear adquisiciones chinas de activos estratégicos, otro tipo de inversión entraba en Europa por una puerta diferente: la inversión greenfield, es decir, la construcción de plantas industriales nuevas desde cero.

En 2025, la inversión china en greenfield en Europa alcanzó un récord histórico de 8.900 millones de euros, un 51% más que el año anterior. La inversión total china en la UE y el Reino Unido subió un 67%, hasta 16.800 millones de euros, el nivel más alto desde 2018. Y el 93% de esa inversión industrial se concentró sola en el sector de la cadena de valor del vehículo eléctrico, incluidas baterías, componentes, materiales catódicos.