El salto de la tasa de inflación española del 3,6% de julio al 4,3% de agosto ha sido la desagradable sorpresa económica de este verano. Es un dato que ha disparado todas las alarmas porque dobla el objetivo del 2% del Banco Central Europeo (BCE) y, sobre todo, por los negativos efectos que tiene sobre la economía en general y sobre la economía doméstica en particular. De entrada, ese incremento de precios supone una pérdida de poder adquisitivo para todos los ciudadanos que, además, podría llegar a incidir en un menor consumo, que es el gran motor del crecimiento del producto interior bruto (PIB) y del empleo. A más largo plazo podría haber otras consecuencias económicas negativas, pero eso dependerá de si la espiral inflacionista se mantiene en el tiempo. De momento, la inflación ya lleva siete meses consecutivos de alzas.La noticia positiva que esconde el dato de inflación de agosto es que la tasa subyacente ha descendido del 3% al 2,9%. Aunque todavía es una tasa elevada, el hecho de que se haya reducido significa que todo el incremento de la inflación de agosto se ha debido al encarecimiento de los combustibles y, en menor medida, al de los alimentos. La guerra de Estados Unidos en Irán, por tanto, pasa factura. El futuro de la inflación, en este sentido, dependerá de la evolución de este conflicto y del restablecimiento del flujo de petroleros por el estrecho de Ormuz, por el que circula el 20% del crudo y del gas mundial.El gran riesgo del aumento del precio de los combustibles es que repercute directamente en el transporte y, a partir de ahí, contribuye a encarecer posteriormente el precio del conjunto de bienes. El otro impacto inmediato se produce en todos los sectores que dependen directamente del petróleo y sus derivados, como es la agricultura (fertilizantes) y numerosos productos industriales. Si se mantiene el incremento del precio del petróleo, es inevitable su traslación al conjunto de precios de la economía.La subida de los precios del 3,6% al 4,3% supone una señal de alarma ante la que hay que reaccionarA partir de esa situación, si se llegase a consolidar una inflación elevada, se produciría la lógica actualización de los aumentos salariales a las nuevas tasas de inflación, lo que a su vez supondría otra grave ronda de aumento general de precios. Esta espiral inflacionista perjudicaría gravemente al conjunto de familias y de empresas, así como a todo el Estado. El Banco de España señala que los choques petroleros, incluso aunque sean puntuales, pueden producir impactos inflacionistas que se prolonguen bastante tiempo.La paradoja adicional de España es que su mayor crecimiento económico (2,7% anual), más del doble que el de la Unión Europea, la hace vulnerable a una mayor inflación a causa de la elevada demanda de consumo, que presiona los precios al alza. En julio la tasa de inflación española ya era superior en siete décimas a la media europea del 2,9%. Cabe suponer que ese diferencial habrá aumentado en agosto. Este hecho supone una sensible pérdida de competitividad de las exportaciones españolas, que ya presentan signos de debilidad, con la consiguiente amenaza para el empleo.La lucha contra la inflación, por tanto, debe convertirse, ya desde ahora, en el principal objetivo de la política económica española. La principal arma para controlar los precios es la política monetaria, pero el Banco Central Europeo se guía por la inflación media de la zona euro y no concretamente por la española. Corresponde al Gobierno, por tanto, reaccionar con medidas económicas que incidan directamente en el freno de los precios.El riesgo es que el impacto de la guerra de Irán en el petróleo se traslade a toda la economíaEl Ministerio de Economía recordó ayer, en este sentido, que se mantiene activo el Plan de Respuesta del Gobierno al conflicto en Oriente Próximo. En función de este, se aumentará la desgravación fiscal sobre el gasóleo a 20 céntimos por litro a partir de septiembre y se mantendrá la reducción sobre la gasolina en 5 céntimos por litro. El departamento que dirige el vicepresidente y ministro Carlos Cuerpo dijo ayer que se mantiene un seguimiento minuto a minuto del impacto de la guerra de Irán en contacto con todos los agentes implicados.Es evidente que hay que estar alerta para frenar de raíz la actual espiral inflacionista. Seguramente habrá que pensar también en adoptar medidas compensatorias para los sectores más afectados por la subida de los combustibles, activar al máximo medidas sobre la competencia, aumentar la generación de energías renovables para reducir la dependencia energética y, paralelamente. adoptar una política fiscal menos expansiva para moderar el impacto del gasto público en la demanda interna. Todas las posibi­lidades de actuación deben considerarse, porque la inflación es el enemigo número uno de la economía, ya que empobrece a todos los ciudadanos, al conjunto del país, y destruye empleo.