Hay olores que consiguen cambiar el ambiente en solo un segundo, y pocos son tan reconocibles como el de lluvia o tierra mojada. Ese aroma que inunda las calles con la llegada de las primeras gotas se percibe al instante y de manera muy intensa. Es difícil de describir, pero inconfundible, e incluso tiene un nombre: preticor.Además, no es casualidad que captemos ese olor de forma tan fuerte, y es que esa sensibilidad guarda una explicación científica detrás. Sin embargo, para entenderlo, debemos remontarnos a nuestros antepasados, ya que se trata de una cuestión evolutiva y de supervivencia.Una cuestión de químicos"Cuando caen las gotas de agua en el suelo, impactan con unas bacterias que hay aquí abajo y que sueltan un tipo de molécula orgánica que se llama geosmina", explica el doctor en física y química, nanotecnólogo especializado en biomedicina y creador de contenido de divulgación en redes sociales, @phdresponde.Así, la geosmina, que significa literalmente "olor a tierra" en griego antiguo, es una sustancia química producida por bacterias del suelo como la Streptomyces coelicolor, y "al ser impactada por la gota de agua, es impulsada para arriba, proyectada como un aerosol, hasta que nos llega a nuestra nariz", añade. Y sumado a otros compuestos como el ozono y los aceites liberados por las plantas, se genera ese característico olor a lluvia.La razón detrás de tanta sensibilidadLos seres humanos podemos percibir ese aroma terroso de forma muy potente, "200.000 veces más que los tiburones y el olor a sangre", explica el físico, y es que "podemos detectarla en concentraciones de apenas unas partes por trillón". "Para hacernos una idea, sería como poder detectar aproximadamente una cucharadita de geosmina disuelta en 200 piscinas olímpicas", señala.Pero, ¿cuál es la razón de esta gran capacidad olfativa? "Somos tan sensibles a este olor porque en el pasado necesitábamos detectar dónde puede haber llovido, dónde puede haber humedad, dónde puede haber un charco de agua para sobrevivir", sentencia.