La frecuencia de catástrofes geológicas como la que ha sucedido en Nepal, causando cientos de víctimas, que pueden ser miles, va a más a medida que los cambios en el clima se ceban en lugares tan complejos, y cada vez más poblados, como la cordillera del Himalaya. El geólogo e alpinista Jerónimo López lo comprobó hace apenas un año, cuando viajó a una zona cercana a la ahora colapsada, 50 años después de que participara en la primera ascensión española a un ‘ochomil’, el Manaslu. El nombre del documental (disponible en RTVE) que estrenó en primavera sobre ese viaje parece premonitorio: Himalaya +50. Cambios en las montañas más altas del mundo. Científico reconocido en todo el mundo como una autoridad en regiones polares -presidió el prestigioso comité científico antártico SCAR, que coordina todas las investigaciones en ese continente- ha visto con sus propios ojos en sus numerosas expediciones los impactos del cambio climático en las cumbres más altas de la Tierra.Claro que continúa el riesgo. La rotura repentina del glaciar, como no se ha visto en décadas, provoca que las laderas estén desestabilizadas en los fondos de los vallesJerónimo LópezGeólogo e himalayistaTrabajadores reparan un tramo de carretera que conduce al puerto de Gyirong, dañado por un deslizamiento en la región del Tíbet occidental de China- / AFP¿Le ha sorprendido la tragedia ocurrida en Nepal?Me ha sorprendido la magnitud y, sobre todo, me ha entristecido porque es una catástrofe de una magnitud inusual. En el Himalaya siempre han ocurrido estos fenómenos naturales porque es una zona sísmica. Se ve cuando se camina por sus desniveles, por sus profundos valles. Pero aquí el origen es distinto. En 2025 justo volví al lugar de la expedición que hicimos en 1975, en un valle paralelo al ahora devastado. Queríamos ascender el pico Larkya, (6.249 metros), pero no fue posible porque la montaña se ha desmoronado debido al cambio climático y había mucho riesgo de desprendimiento de rocas. Recorrimos el valle del río Budhi Gandaki, que también vierte en el mismo río Trishuli de la actual crecida y pude documentar el peligro de desprendimientos, de ese lodo y esos sedimentos que ahora transporta el agua y que todavía llegará a pueblos situados más abajo.Alertan de que ese riesgo continúa. ¿Son estas altas montañas cada vez más frágiles?Claro que continúa. Ha habido una rotura repentina del glaciar como no se ha visto en décadas, pero no se descarta que pueda haber nuevas crecidas porque todas las laderas están desestabilizadas en los fondos de los valles. Puede haber otro derrumbe que provoque otro represamiento y que éste se vuelva a romper. Respecto a la fragilidad, los terremotos son frecuentes en el Himalaya, una cordillera joven en términos geológicos. En una expedición catalana al Everest en 1988, tuvimos un seísmo muy fuerte en el campamento base que provocó un gran alud en la parte alta de la cumbre que nos llegó. Fue un gran susto. Pero en los últimos tiempos, el evidente retroceso de los glaciares debido al calentamiento global, que provoca olas de calor incluso por encima de los 6.000 metros, donde está el hielo, contribuye a que esos glaciares sean mucho más inestables. Al fundirse, el agua penetra por las grietas y llega a su base, lubrica el contacto con la roca y los desprendimientos aumentan. Además, el agua del retroceso glaciar alimenta los lagos de la cabecera de los valles, como comprobé el año pasado. Con más agua, los diques que suponen las morrenas, a veces se rompen. A eso se añade que el permafrost, el hielo que está en el terreno, cada vez se funde más, dejando el terreno inseguro. Como consecuencia, las montañas están volviéndose más peligrosas e inestables y hay más accidentes. La erosión y dinámica natural en esas laderas verticales no cesa y se ha acelerado por los impactos climáticos.Es imposible alertar con antelación de estos movimientos glaciares en una cordillera de 2.500 kilómetros como el Himalaya, donde nacen los grandes ríos de la IndiaJerónimo LópezGeólogo e himalayista¿Es posible alertar con antelación de este tipo de movimientos glaciares? ¿Existen mapas de riesgo geológico?Es imposible en una cordillera de 2.500 kilómetros. El año pasado el colapso del glaciar Birch en los Alpes suizos y también dejó sepultado un pueblo por una masa de hielo, rocas y lodo, pero sus 300 habitantes habían sido evacuados porque estaba monitorizado. Había sistemas de instrumentación que adelantaron la llegada de ese flujo de ‘hormigón líquido’ que arrambla con cualquier obstáculo con su tremenda fuerza destructiva. Pero es que en el Himalaya hay cientos de ríos que bajan desde el Tibet, allí nacen los grandes ríos de la India cuyo cauce sale hacia el sur. Es una dimensión inabarcable.¿Y cómo ha cambiado la que la presencia humana en estas últimas décadas?Antes había poca gente porque el acceso era muy complicado, pero se han construido carreteras y puentes. Lo que antes llevaba días ahora se hace en horas. No hay grandes poblaciones, pero las carreteras y puentes actuales no estaban hace 50 años porque no se había desarrollado el turismo. Por eso ha habido ese número terrible de víctimas. En todo caso, esto demuestra que vivimos en un planeta dinámico y que hay fuerzas que vienen del interior de la Tierra, los terremotos, y otras del exterior, como es el clima. Ahora los humanos estamos afectando a este último y, además, hemos superpoblado zonas peligrosas. Nos estamos exponiendo a fenómenos que están por encima de nuestras capacidades de control. Este verano también en los Alpes ha habido a más de 4.500 metros unas temperaturas inusitadas, con una ola de desprendimiento de rocas en el macizo del MontBlanc, y en primavera la cordillera blanca en Perú se ha cerrado dos meses por el riesgo de caída de avalanchas.Si los sistemas de alerta temprana son casi imposibles en esa cordillera, ¿qué se puede hacer?Más prevención y ordenación del territorio, aprender que no se puede construir en las zonas peligrosas cerca de los ríos. Es verdad que eventos de esta magnitud son excepcionales, pero es importante no colocar edificaciones ni otros obstáculos en los lugares inadecuados. Si se construye porque hay más turismo, hay que hacerlo contando con los expertos, lo que no quita que haya un terremoto o un desprendimiento que acabe con todo, pero si se evitaran daños. Por otro lado, el cambio climático se anuncia desde hace tres décadas. Se sabía que en el siglo XXI íbamos a alcanzar temperaturas extremas en el Mediterráneo, que habría subidas del nivel del mar aceleradas. Todos los trabajos científicos serios apuntan a la necesidad de la prevención, porque el clima es algo que no se cambia de la noche a la mañana, pero también insisten en mitigar las emisiones que lo causan. Los humanos somos los responsables de ese calentamiento.No creo que afecte al turismo, como no afectaron los tremendos terremotos de 2015. Nos estamos exponiendo a fenómenos que están por encima de nuestras capacidades de control...Jerónimo LópezGeólogo e himalayista¿Afectará lo ocurrido en un país que vive del turismo?Creo que no, como no afectaron los tremendos terremotos. En 2015 hubo dos que destruyeron gran parte de Katmandú y se recuperó. Son lugares muy atractivos, con muchos alicientes, no solo por las expediciones a las grandes cumbres sino por el senderismo. Lo importante es que tomen medidas coherentes para aumentar la seguridad, sobre todo en ciertos valles. Eso requiere inversión en un país que es muy pobre, que necesita de la ayuda internacional para avanzar en ese terreno. El Himalaya depende de varios países con capacidades muy diferentes y políticas distintas. Bután restringe el acceso, por ejemplo. En definitiva, no se trata solo que llegue dinero por el turismo masivo, sino de regular esas cuestiones.¿Se volverán a repetir eventos tan violentos?Si, sobre todo en la zonas con grandes pendientes en las que puede haber roturas repentinas que lleguen a unos lagos y a ríos a cuyas orillas vive la gente. Y son miles de glaciares, ríos y pueblos. En este caso ha ocurrido en una zona que es muy atractiva para peregrinación budista e hinduista, por donde se va a la montaña sagrada de Kailash. En esas altas montañas coronadas por glaciares, el flujo de una avalancha desciende a veces miles de metros de desnivel, a una velocidad de más de 200 kilómetros por hora. El crecimiento del turismo y de los alojamientos en estas zonas aumenta la exposición al peligro si no existe una planificación adecuada.
Jerónimo López, geólogo e himalayista: “El retroceso de los glaciares por el calentamiento hace que las altas montañas sean cada vez más inestables"
El experto advierte que el cambio climático convierte las cimas más altas del mundo en trampas mortales para sus habitantes y visitantes: “Hemos superpoblado zonas peligrosas, por eso hay tantas víctimas”










