A medida que el verano va terminando y el calor comienza a reducirse suavemente, surge el deseo de buscar rincones para culminar la temporada estival. Espacios fluviales donde el sonido del agua es constante y parece reemplazar el ajetreo de las grandes ciudades y del día a día. En el corazón de la comarca del Somontano de Barbastro, a las puertas del Parque Natural de la Sierra y Cañones de Guara, se encuentra una de las joyas acuáticas de la provincia. A unos 55 kilómetros está la ciudad de Huesca, lo que convierte este lugar en una alternativa para quienes se alojan durante unos días en ella.

Este paraje combina la ingeniería hidráulica del siglo XVI y la fuerza del río Vero en una simbiosis que crea un paisaje marcado por la tranquilidad, una de las características que buscan quienes eligen este destino para despedirse de uno de los veranos más calurosos que ha azotado la Península Ibérica.

A diferencia de otros pozos puramente salvajes y sin intervención humana, el Salto de Pozán de Vero posee un atractivo unido a la historia humana. El elemento principal de este enclave es un azud hidráulico que se construyó en el siglo XVI y que hoy en día sigue en pie. Su altura supera los seis metros y esta gran pared se levantó originalmente para desviar el caudal del río Vero hacia la Acequia San Marcos. De esta manera, se permitía abastecer a las plantaciones de la zona y que los antiguos molinos pudieran cumplir con su trabajo.