Casi un mes dejando pudrirse la situación en Ceuta, con lo fácil que se podría arreglar. En pocos días. Qué digo días: en horas. Basta con pedir a los miles de inmigrantes que andan por calles, playas, montes y centros de acogida, que vuelvan a Marruecos hoy mismo, y asunto arreglado. Si no atienden la petición, se les exige, se les ordena que vuelvan a Marruecos. Si así tampoco, se les conduce por la fuerza hacia la frontera hasta echarlos al otro lado. Si ponen resistencia, se emplea la violencia necesaria, se les saca aunque sea a rastras. Cuanto más se resistan, más violencia, que les quede claro que no hay vuelta atrás. También se les puede drogar para anular su voluntad, administrarles un sedante y devolverlos dormidos, como hizo el gobierno de Aznar en 1996 para meter a más de cien subsaharianos en un avión y largarlos. “Teníamos un problema, y lo hemos solucionado”, puede recordarles Aznar ya que va de visita.
Para acelerar la solución y no perder más tiempo, es importante cogerlos a todos de una vez, a bulto, sin distinguir menores, personas vulnerables, ni tampoco identificarlos. Según te los encuentras por la calle, los vas empujando hacia la frontera, venga, venga, circulen, no se detengan. Si en el montón metes por error a un español (con pinta de moro, se entiende), o a un ciudadano extranjero con permiso de residencia, se siente, estas cosas pasan, siempre pueden reclamar después y regresar.












