Las inundaciones de Nepal han dejado una profunda huella en las zonas montañosas próximas a la frontera con el Tíbet, donde una violenta corriente de agua, barro y materiales arrastrados descendió por los valles. La catástrofe ha causado al menos 270 muertos y más de 1.500 desaparecidos al momento de publicar este artículo, mientras los especialistas intentan reconstruir cómo una crecida de semejante magnitud pudo avanzar con tanta fuerza por la región. Las primeras investigaciones apuntan hacia un fenómeno originado a gran altitud que convirtió el cauce en una corriente destructiva.

El episodio comenzó en una zona de difícil acceso del Himalaya y afectó después a poblaciones situadas aguas abajo, donde la corriente inundó pueblos y dañó puentes, edificios y otras infraestructuras. La rapidez con la que se propagó el desastre complicó la respuesta de las autoridades y redujo el margen de reacción de las comunidades próximas al río. Los registros disponibles muestran que el nivel del agua llegó a alcanzar 12,3 metros en Kalikhola, cerca de la frontera con el Tíbet.

La explicación que manejan los expertos sitúa el origen en el colapso de una masa de hielo glaciar situada a unos 5.200 metros de altitud. Simon Cox, científico principal de GNS Science, explicó que "un gran fragmento de glaciar cayó desde unos 5.200 metros... a un valle". A partir de ese momento, la caída dejó de comportarse como un simple desprendimiento de hielo y se transformó en una enorme corriente cargada de materiales procedentes de las laderas y del propio cauce.