0:000:00El audio de esta noticia está generado mediante Inteligencia ArtificialUna de las exposiciones estrella de Les Rencontres de la photographie d’Arles, que se clausuran el 4 de octubre, es Modèle animal . 200 ans de photographie , comisariada por Nathalie Herschdorfer, directora del museo Photo Elysée de Lausana. En ella encuentras desde el hipopótamo Obaysch, que llegó a Londres en 1850, procedente de Egipto, en una de las fotografías de zoo más antiguas e impresionantes que se conservan, hasta las imágenes construidas de Jim Naughten (Londres, 1969) que recrea fotográficamente las estampas imposibles de las láminas de enciclopedia y de los dioramas de los museos de historia natural: un grupo de pájaros de colorines sobre unas ramas, que no hubieran podido coincidir nunca pero que se encuentran allí gracias a la IA. Naughten es un crack. En su obra Mountains of Kong (2017), toma la idea de una tierra incógnita, que hasta 1880 aparecía dibujada en los mapas, y se imagina cómo podía ser: con un árbol cargado de monos, en un dibujo de un diccionario enciclopédico con pretensiones o un mico gigante -the King of Kong- aporreándose el pecho, en medio de unos árboles de color burdeos que le llegan por la rodilla.Cincuenta imágenes de grandes simios, de gran formato, en fotos de pasaporteJames Mollison (Nairobi, Kenya, 1973) es autor de una gran instalación con cincuenta imágenes de gran formato de grandes simios, en fotos de pasaporte: mirando a la cámara, cada uno con unos rasgos individuales y una expresión característica. Mollison tiene la coquetería artística de colgar las fotografías creando asociaciones de color, de manera que al principio encuentras a los micos con la cara más negra y después los que tienen el contorno de los ojos y de la boca con un pelaje más claro, como una especie de máscara. Mollison dice que se sintió atraído por la individualidad de los primates. Cada uno representa una especie amenazada y, al mismo tiempo, es él solo. “La frontera entre ellos y nosotros es muy fina”.Bueno, bueno. De acuerdo que hay gente muy diversa en el mundo, que no representa una especie amenazada (la especie humana también lo está) sino a sí misma. Pero desde hace siglos nos esforzamos en borrar estas singularidades. Vamos al peluquero y nos enseñan un catálogo para que escojamos el peinado, nos retocamos los morros, la napia y sin necesidad de recurrir a la cirugía estética, nos alisamos el pelo todos de la misma forma y vestimos las mismas camisetas y tops. Después nos tatuamos para individualizarnos.Me ha emocionado Katie, un chimpancé de dos años, con un ojo un poco cerrado y la boca torcida. No porque se nos parezca -que, francamente, no se nos parece mucho-, sino porque me recuerda a gente que he conocido -un camarero, la dependienta de la tienda de legumbres, el cartero de mi pueblo- cuando no seguíamos tanto el rebaño y cada uno tenía su propia cara.