Pedro Sánchez ha tenido que suspender esa prolongación de sus vacaciones en Andorra que tenía programada porque su entorno más cercano se las ha desaconsejado. El entorno de Sánchez —sus asesores, su Gobierno, su partido…— parece tener algo más de sentido común que él y también más noción de la desfachatez. Y es que esto es lo insólito: el mismo hombre que nos jorobó alegremente las vacaciones del verano de 2023 convocando unas intempestivas elecciones para un inolvidable 23 julio es el que ahora no estaba dispuesto a renunciar a las suyas cayera quien cayera. Quien caía y sigue cayendo es la maltratada ciudadanía de Ceuta.Lo que Sánchez ha estado haciendo durante este mes de agosto mientras Ceuta pedía socorro, lo que sigue haciendo, lo que pensaba hacer y no ha hecho le define perfectamente. Es, por brutal, por asombroso y por gráfico, un perfecto broche para su singular mandato; para todos los años que nos ha dado haciendo lo que le daba la gana, entendiendo la política no como una vocación de servicio sino como un derecho a ser infinitamente servido. “De La Mareta a Andorra y tiro porque me toca”. “A mí que no me quiten lo mío, pero yo quito a los demás lo que me apetezca”. “Ande yo caliente o fresquito y ríase la gente o llore de impotencia”. “Mis vacaciones son lo primero aunque los niños de Ceuta se hayan quedado este verano sin playa, sin sol, sin siquiera poder salir de sus casas.”De la época en que ETA todavía asesinaba, recuerdo un acto de concejales del PP vasco en el Valle de Ayala que se celebró un domingo. Todos ellos eran gente amenazada. Quien entonces presidía ese partido llegó a última hora para irse en unos minutos porque “le esperaban su cónyuge y sus hijos, su familia, y tenía derecho a una vida privada”. Recuerdo que pensé que aquellas personas que se habían congregado allí en un día de ocio para darse mutuamente ánimos también tenían familia. Recuerdo que pensé que alguien que preside un partido, y, aún diría más, un político en general, sencillamente no tiene hijos o es como si no los tuviera; no tiene familia ni vida privada cuando un grupo terrorista asola a una sociedad, como entonces era el caso, o cuando acaban de invadir el territorio nacional y hay una ciudad tomada al asalto donde se están produciendo violaciones, agresiones, robos y contagios.A Sánchez se le ha fastidiado el viaje a Andorra como a todos se nos fastidió el mes de julio de 2023. Sobre esa incapacidad de sintonizar con nadie que no sea él mismo, Máxim Huerta contó en su día una ilustrativa anécdota. Cuando Sánchez le recibió en su despacho para comunicarle su dimisión, lejos de empatizar con su estado de ánimo, se preguntó a sí mismo cómo pasaría a la Historia. Pues pasará como lo que es: el tipo que se fue de vacaciones mientras su país vivía la situación más comprometida de la etapa democrática. El irrenunciable veraneo de Sánchez en La Mareta es una perfecta metáfora de todas las vacaciones que se ha dado durante sus legislaturas: las de no presentar los Presupuestos Generales, las de no explicar su decisión sobre el Sahara y su relación con Marruecos, las de los debates esquivados sobre el estado de la Nación, las del retiro que se tomó para escribir su carta del hombre enamorado… Y una metáfora también de su incapacidad para renunciar a su sillón en La Moncloa.Sí. Sinceramente, uno le desea, que cuando deje ese domicilio, le esperen unas largas vacaciones.
Unas largas vacaciones
'Se preguntó a sí mismo cómo pasaría a la Historia. Pues pasará como lo que es: el tipo que se fue de vacaciones mientras su país vivía la situación más comprometida de la etapa democrática'












