NoticiaDietas, jugos, ayunos y suplementos comercializados como métodos de “desintoxicación” no han demostrado producir una pérdida de peso sostenible.La nutrióloga Maricarmen Oses advierte que someterse a restricciones, ayunos o suplementos no equivale a eliminar toxinas. Foto: iStockPERIODISTA DE MEDIOAMBIENTE Y SALUD27.08.2026 17:00 Actualizado: 27.08.2026 17:00

La idea de “desintoxicar” el organismo se ha convertido en una de las promesas recurrentes de la industria del bienestar. Dietas basadas únicamente en frutas y verduras, jugos, ayunos, infusiones, suplementos y productos que prometen “limpiar” el hígado o eliminar toxinas son presentados como soluciones rápidas para bajar de peso, sentirse más ligero o compensar excesos alimentarios.Sin embargo, desde la nutriología clínica, la explicación es considerablemente más compleja. Maricarmen Oses, nutrióloga certificada, sostiene que el organismo humano ya cuenta con mecanismos fisiológicos permanentes para transformar, neutralizar y eliminar sustancias que no necesita o que podrían resultar perjudiciales. LEA TAMBIÉN “En nuestra fisiología existen mecanismos reales de transformación y eliminación de toxinas, sustancias ajenas y productos metabólicos”, explica Oses. Según la especialista, el organismo está equipado con un sistema de limpieza en el que intervienen diferentes órganos y sistemas y que funciona de manera continua, no únicamente cuando una persona decide someterse a una dieta especial.Bajar de peso en pocos días no significa eliminar toxinas. Foto:iStockPor eso, asegura, no existe respaldo científico para afirmar que una persona sana necesite someterse periódicamente a programas, dietas, jugos, ayunos o suplementos específicos para “limpiar” su organismo.La popularidad de estos métodos, no obstante, tiene varias explicaciones. Oses considera que el auge de las dietas detox responde a una combinación de factores biológicos, emocionales, psicológicos, socioculturales y comerciales. A esto se suma una industria del bienestar que, desde su perspectiva, ha convertido la salud en un negocio que muchas veces se apoya más en el miedo que en una verdadera conciencia del autocuidado.Una de las claves de su éxito está en la manera sencilla en que presentan problemas complejos. Cansancio, fatiga, distensión abdominal, aumento de peso, estreñimiento o la sensación de haber comido mal pueden ser reinterpretados como señales de una supuesta acumulación de toxinas. La respuesta que ofrecen estos sistemas también suele ser simple: unos días de restricción, jugos, ayuno o determinados suplementos.En Latinoamérica, agrega Oses, el fenómeno también está relacionado con la cultura de las dietas, la presión estética y la comunicación digital alrededor de nutrición, belleza y bienestar. La búsqueda de métodos rápidos para adelgazar o solucionar molestias digestivas y otras sintomatologías contribuye a que estas propuestas encuentren un público dispuesto a probarlas.La pérdida de peso no significa eliminación de toxinasUno de los elementos que puede reforzar la percepción de que las dietas detox funcionan es el descenso rápido de peso que algunas personas experimentan al comenzar estos protocolos.Pero, según Oses, esa reducción no demuestra que el organismo haya eliminado toxinas ni que se haya producido una pérdida equivalente de grasa corporal. Cuando se reduce drásticamente la ingesta energética y, con frecuencia, también el consumo de carbohidratos y sodio, pueden disminuir rápidamente el contenido gastrointestinal, el glucógeno y el agua asociada.El resultado puede ser una menor cifra en la báscula y una sensación subjetiva de “desinflamación” o ligereza. Sin embargo, estas modificaciones suelen revertirse cuando se retoma la alimentación habitual.Algunas dietas ‘detox’ pueden traer problemas como deshidratación o deficiencia de nutrientes. Foto:iStockLa especialista señala que las revisiones disponibles han encontrado poca evidencia clínica de calidad que permita respaldar las dietas detox como estrategias para eliminar toxinas o controlar el peso de manera sostenida. Entre las referencias que utiliza para sustentar su postura está una revisión crítica de Klein y Kiat, publicada en 2015 en el Journal of Human Nutrition and Dietetics, que encontró pocos ensayos clínicos, importantes limitaciones metodológicas y ausencia de evidencia convincente para recomendar estas dietas con esos objetivos.No existe una única “toxina” que un jugo pueda eliminarOtro de los problemas de estas propuestas, según Oses, está en la utilización general del término “toxina”. Desde el punto de vista científico, no se trata de una categoría única.El organismo puede encontrarse con xenobióticos, metabolitos endógenos, medicamentos, alcohol, contaminantes ambientales, metales pesados o productos bacterianos. Cada uno de estos compuestos tiene características diferentes, así como distintas vías metabólicas y rutas de eliminación.Por eso, afirmar que un té, jugo, laxante, polvo de vegetales, alga marina, carbón activado, zeolita o suplemento “elimina toxinas” resulta impreciso si no se determina qué compuesto se pretende eliminar, en qué concentración, mediante qué mecanismo y a través de qué biomarcador se demuestra su eliminación. LEA TAMBIÉN La promesa de “desintoxicar” el organismo se ha extendido en la industria del bienestar. Foto:iStockAlgo similar ocurre con la idea de que determinados alimentos, como la alcachofa, tienen por sí mismos la capacidad de “desintoxicar” el organismo. Algunos componentes alimentarios pueden influir sobre sistemas antioxidantes, enzimas, microbiota o mecanismos de señalización celular, pero eso no significa que consumir un alimento o un jugo específico permita “limpiar” el hígado.También es un error, señala Oses, asumir que sudar, orinar o evacuar más equivale necesariamente a eliminar más toxinas. La eliminación de sustancias específicas depende de mecanismos metabólicos y de excreción regulados. Provocar diarrea o aumentar indiscriminadamente la frecuencia de la micción puede, por el contrario, alterar los niveles de agua y minerales del organismo.El hígado no es un filtro que se llena de toxinasLa especialista explica que la llamada detoxificación sí existe, pero debe entenderse como un proceso fisiológico permanente de biotransformación.El hígado desempeña un papel central porque participa en el procesamiento de xenobióticos y de sustancias producidas por el propio metabolismo. En términos clásicos, este proceso incluye diferentes fases en las que intervienen enzimas y reacciones que transforman determinadas sustancias para facilitar su posterior eliminación.El hígado, precisa Oses, no funciona como un “filtro que se llena de toxinas”, sino como un órgano metabólicamente activo que transforma sustancias continuamente.Los riñones complementan este trabajo mediante la filtración, la secreción tubular y la reabsorción selectiva. De esta manera regulan qué sustancias deben conservarse y cuáles deben eliminarse por la orina. También intervienen en el control del agua corporal, sodio, potasio, otros electrolitos, la osmolaridad y el equilibrio ácido-base. LEA TAMBIÉN Hígado, riñones e intestino trabajan de manera permanente para transformar y eliminar sustancias. Foto:ISTOCKEl intestino y la microbiota también cumplen funciones relevantes. Por las heces se eliminan sustancias no absorbidas y determinados compuestos que el hígado secreta a través de la bilis. A su vez, la microbiota participa en la transformación de moléculas procedentes de la dieta, medicamentos y metabolismo humano.Los pulmones constituyen otra vía permanente de eliminación. A través de la respiración se expulsa dióxido de carbono y determinados compuestos volátiles. El sistema linfático, por su parte, participa en el drenaje, el transporte y la vigilancia inmunológica, mientras que el sistema inmunitario reconoce y elimina microorganismos, células dañadas y determinadas partículas.El riesgo de las restriccionesLa promesa de una limpieza rápida puede tener costos. Dependiendo del protocolo, una dieta detox puede generar una ingesta insuficiente de energía y proteína, pérdida de masa muscular, hambre intensa, fatiga, mareos, alteraciones gastrointestinales, deshidratación y modificaciones de los electrolitos.El riesgo puede aumentar cuando estos programas incluyen laxantes, diuréticos, suplementos o grandes cantidades de determinados jugos. Algunas personas pueden ser especialmente vulnerables, entre ellas quienes presentan enfermedades renales, cardiacas o gastrointestinales.Las dietas de desintoxicación prometen perder peso. Foto:iStockOses también señala un riesgo relacionado con la conducta alimentaria: la idea de compensar los excesos mediante restricciones. El ciclo “comí mal, ahora tengo que limpiar mi cuerpo” puede generar una dinámica de exceso y restricción que dificulta la construcción de hábitos sostenibles.La precaución debe ser aún mayor cuando existen condiciones clínicas, embarazo, diabetes, enfermedad renal o hepática, trastornos de la conducta alimentaria o uso de medicamentos. La especialista también advierte sobre los suplementos herbales comercializados como detox. Que un producto sea presentado como “natural” no significa que sea inocuo; algunos productos herbales pueden asociarse con toxicidad hepática, interacciones farmacológicas y efectos gastrointestinales.“Volver a nutrir y regular”Frente a quienes han probado estos métodos o han quedado expuestos a este tipo de contenidos, Oses propone cambiar el concepto de “desintoxicar” por el de “volver a nutrir y regular”.Su recomendación parte de recuperar horarios relativamente regulares de alimentación, una hidratación adecuada, mayor presencia de verduras y frutas enteras, incorporación progresiva de fibra, suficiente proteína y carbohidratos principalmente de buena calidad.También plantea reducir de manera natural el alcohol, las bebidas azucaradas y el exceso de productos ricos en sodio, sin convertirlos necesariamente en alimentos prohibidos. A esto suma movimiento cotidiano, actividad física, sueño suficiente y atención a las señales de hambre y saciedad. LEA TAMBIÉN La especialista insiste en que una alimentación saludable no depende de milagros ni de productos específicos. Debe ser variada, suficiente, adaptable a las condiciones económicas, culturales, psicológicas y emocionales de cada persona, y considerar factores como la edad, la actividad física, el estado metabólico, las preferencias y las condiciones clínicas.Por eso, propone desconfiar de mensajes que prometen “renovar las células”, “resetear” o “reiniciar” el organismo, eliminar todas las toxinas, limpiar el hígado o perder varios kilos en pocos días. También llama a prestar atención cuando se eliminan grupos completos de alimentos sin una justificación clínica o cuando un producto, té, jugo o suplemento se presenta como indispensable.La alimentación, sostiene, debe entenderse como un sistema completo y no como una sucesión de ciclos de restricción y compensación. Una alimentación saludable incluye variedad, moderación, disfrute y constancia.“Salud metabólica no se construye en cinco días y tampoco se pierde por una comida”, resume Oses. Para la especialista, el organismo no necesita ser “limpiado”, sino recibir de manera consistente los nutrientes, el descanso, el movimiento y las condiciones necesarias para realizar las funciones que fisiológicamente ya está preparado para cumplir.EDWIN CAICEDOPeriodista de Medioambiente y Salud @CaicedoUcros Sigue toda la información de Salud en Facebook y Twitter, o en nuestra newsletter semanal.