Cuando perder peso es una necesidad, el cómo se consigue es importante. La obesidad, definida como acumulación de grasa que puede afectar a la salud por la Agencia Europea para el Estudio de la Obesidad (EASO, por las siglas en inglés), puede traer consigo enfermedades metabólicas como diabetes, diversos problemas cardiovasculares o enfermedad hepática metabólica (anteriormente, hígado graso no alcohólico). Pese a que no deja de extenderse en todo el mundo, tanto el diagnóstico como los tratamientos para paliar la obesidad carecen aún de la especificidad y eficacia que tienen otras enfermedades crónicas. Es el caso de los abordajes nutricionales, que siguen sometidos a análisis que arrojan nuevas claves.Este jueves se publica un estudio en Cell Metabolism que compara tres dietas para perder peso en pacientes con obesidad “no saludable metabólicamente”: la cetogénica (popularizada como dieta keto), la mediterránea y otra basada en vegetales. Mientras que la keto prescinde en gran medida de los carbohidratos —cereales, legumbres, tubérculos—, y la última reduce especialmente las grasas y carnes procesadas, la segunda es más variada y prioriza frutas, verduras, legumbres, pescado y grasas saludables, como el aceite de oliva. Todas ellas lograron el objetivo principal, reducir un 10% el peso de las personas que participaron; sin embargo, al comparar los efectos de cada una sobre diversos indicadores de salud metabólica, como grasa hepática o insulina en sangre, la dieta cetogénica tuvo mejores resultados.Como subrayan los autores de la Universidad de Washington (Estados Unidos), los nutrientes que componen la dieta marcan la diferencia. Por eso, frente a los fármacos tipo Ozempic, la implicación activa con un plan nutricional a medida sigue siendo una opción con muchos más beneficios para la salud. “Los medicamentos GLP-1 están siendo muy útiles para ayudar a perder peso a muchos pacientes con problemas metabólicos; pero nuestros resultados muestran que la elección de la dieta sigue siendo importante porque tiene impactos en la salud más allá de la simple pérdida de peso”, apunta Max Petersen, uno de los autores, en una nota de prensa.Ligeros efectos superiores de la dieta ketoLa población analizada en el estudio, que duró seis meses, fue solo de 42 personas (14 en cada dieta), un aspecto limitante a la hora de valorar la solidez de cualquier estudio, pero los resultados fueron significativamente positivos en los tres grupos. Al perder peso, aumentó la sensibilidad a la insulina del músculo en torno a un 50% en los tres grupos, pero la dieta baja en carbohidratos, la cetogénica, causó un incremento de dos a tres veces mayor de la sensibilidad a la insulina en el hígado. Todos los participantes, mujeres y hombres, tenían obesidad, prediabetes y esteatosis hepática (un 5% o más de triglicéridos en el hígado medidos con resonancia magnética).Petersen, endocrinólogo, cuenta en un correo que la muestra y la duración fueron pequeños por la rigurosidad de los métodos que emplearon, con los que aseguraron una alta adherencia a las dietas. Durante el estudio, los participantes solo podían comer los platos y snacks, congelados y envasados, preparados a propósito, y con un contenido en macronutrientes ―carbohidratos, grasas y proteínas― muy preciso para cada dieta. “Los efectos de la dieta cetogénica sobre la función hepática fueron tan significativos que es improbable que los resultados hubieran sido diferentes en un estudio de mayor tamaño; sin embargo, podría habernos permitido detectar efectos menores y más sutiles de las dietas”, reconoce Petersen.La dieta cetogénica también fue la que más redujo los triglicéridos del hígado, la fabricación de nuevas grasas en este, el azúcar unido a hemoglobina y la glucosa e insulina en el plasma sanguíneo medidas durante 24 horas, aunque las diferencias fueron de pocos puntos. Ya se sabía que la pérdida de peso mejora la resistencia a la insulina, pero les sorprendió observar que el hígado respondía de manera diferente a distintas dietas. Según Petersen, pensaban que la dieta cetogénica podría provocar alteraciones perjudiciales en los niveles de colesterol en sangre por su alto contenido en grasas. “Sin embargo, no observamos diferencias en los efectos de las dietas sobre el colesterol LDL (el malo) ni en los triglicéridos en plasma”, apunta.La explicación que encuentran es que el efecto beneficioso de una dieta rica en grasas sobre la esteatosis hepática (enfermedad del hígado graso) podría depender del grado de restricción calórica y de carbohidratos. “No todas las dietas ricas en grasas son cetogénicas: se requiere una restricción significativa de carbohidratos”, aclara. En su estudio, las dietas cetogénica, mediterránea y vegetal aportaron el 4%, el 50% y el 70% de la energía procedente de los carbohidratos; el 73%, el 35% y el 15% procedente de las grasas; y el 23%, el 15% y el 15% procedente de las proteínas, respectivamente.Disfrutar, la clave de la dieta mediterráneaLos paquetes de comida que proporcionaron a los participantes incluían, en la dieta cetogénica, platos muy bajos en carbohidratos ―ni siquiera fruta― como ensalada de huevo, ternera con queso, pollo con espinacas, estofado de carne o salmón con brócoli. En la dieta mediterránea comieron avena con almendras y arándanos, batido de frutos rojos, quinoa con frijoles negros y maíz o pasta con pesto y pollo. Por su parte, los platos de la dieta vegetariana, muy bajos en grasas, incluían avena con manzana y plátano, pastel de patata, batido de frutas, arroz con frijoles rojos o tortilla de verduras.Pese a las diferencias en ingredientes y, por tanto, en macronutrientes, todos los platos tenían las mismas calorías para conseguir el mismo déficit calórico y una pérdida de grasa similar. Sin embargo, comer tiene un componente social y de placer que no se puede obviar y que varía para cada tipo de dieta y persona. Esto deben tenerlo en cuenta quienes diseñan dietas personalizadas, que buscan que los pacientes sean capaces de mantener su compromiso durante el tiempo que dure el plan. El dietista Mario Gómez Duréndez, fundador de Nution, ha visto en sus pacientes que la dieta cetogénica es poco sostenible y genera poca adherencia. “Hoy el hidrato de carbono está en cualquier comida, en cualquier celebración, y es muy difícil restringirlo”, explica. Además, advierte de la “carbofobia” y el “efecto rebote” que puede provocar. Cuenta que con la dieta cetogénica no solo se pierde grasa, también glucógeno muscular, que necesita agua para almacenarse. “Por eso, al principio se pierde mucho peso, pero algunas personas entienden que el problema está en los carbohidratos y temen volver a incorporarlos en la dieta”, cuenta Gómez. Además, el glucógeno es el primer sustrato energético que empleamos en actividades de una cierta intensidad y, sin él, es fácil sentirse sin energía. “Sinceramente, no he conocido a nadie que lleve a gusto una dieta cetogénica, y sí a personas que la hacen para compensar una época de excesos, que exige una disciplina difícil de mantener y que no hace falta si sabes lo que tienes que comer; esa es mi filosofía”, señala Gómez. El dietista suele recurrir a la dieta mediterránea cuando le derivan pacientes que necesitan reducir niveles de triglicéridos y colesterol.Daniel, de 47 años, no es paciente de Mario, pero ha pasado por distintas dietas para bajar de peso en los últimos años, alcanzando el objetivo en varias ocasiones. En su experiencia, lo que funciona son “platos sencillos, variados, que te gusten y puedas introducir en tu vida diaria”. Él lo identifica como una dieta mediterránea con carbohidratos y proteínas “un poco ajustados para lograr bajar de peso”. Lo más duro para él es renunciar al picoteo entre horas y cuando sale, pero pactar con su nutricionista cierta flexibilidad controlada, moverse más y ver resultados le ayuda a comprometerse. Miguel Ángel Martínez González, uno de los coordinadores del mayor estudio clínico sobre los efectos preventivos a nivel cardiovascular de la dieta mediterránea (PREDIMED) lo tiene claro: “La dieta cetogénica es una tortura, la mediterránea es un disfrute”. Además, recuerda en una llamada con EL PAÍS que la cetogénica “no tiene ni de lejos la evidencia científica que tiene la mediterránea”. Mientras que PREDIMED se hizo con 7.447 pacientes a lo largo de varios años, el estudio que hoy se publica lo hizo con 42 personas y en 6 meses. El catedrático de la Universidad de Navarra ve ahí una limitación importante y señala que, realmente, “lo que vieron en las tres dietas es muy parecido” y que “no se deben hacer nuevas recomendaciones a partir de estos resultados”.