Desde GinebraLas rivalidades entre grandes potencias generan bloques y acuerdos minilaterales que, si bien pueden ofrecer soluciones…
En un mundo marcado por tensiones geopolíticas, recortes en la ayuda al desarrollo y el auge de enfoques unilaterales, el multilateralismo aparece a menudo como un concepto en crisis. Sin embargo, no se puede renunciar al desarrollo sostenible, inclusivo y equitativo al cual solo puede lograrse mediante la cooperación colectiva. Ningún país, por poderoso que sea, puede enfrentar en solitario el cambio climático, las pandemias, la deuda insostenible o la desigualdad estructural. Por lo tanto, el multilateralismo no es un lujo idealista, es una necesidad práctica.
Desde 1945, las instituciones multilaterales han demostrado su valor. El sistema de Naciones Unidas, el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional y la Organización Mundial del Comercio han contribuido a reducir la pobreza extrema, expandir el comercio bajo reglas comunes y coordinar respuestas a crisis globales. Los Objetivos de Desarrollo Sostenible representan el esfuerzo más ambicioso de la humanidad por articular un futuro compartido. Aunque los avances son desiguales y los informes de seguimiento muestran retrasos preocupantes, el marco multilateral sigue siendo el único espacio donde los países en desarrollo pueden articular demandas colectivas y negociar con voz propia.







