Liberal sin neoEl beneficio inmediato es fácil de identificar.
Un punto de partida es que toda reducción o eliminación de impuestos es salubre; un quetzal adicional tiene más utilidad social en el bolsillo de quien lo ganó que en arcas de gobierno. Después de celebrar la eliminación del IUSI, es menester señalar que, políticamente, tiene un aroma extraño. Con una amplia mayoría multipartidaria, el 29 de julio el Congreso aprobó el decreto 18-2026, que elimina el IUSI para los inmuebles destinados a vivienda. El presidente Bernardo Arévalo debe decidir si lo sanciona o lo veta y ha planteado una pregunta pertinente: si responde a una necesidad genuina o a una política electorera.
La interrogante puede verse desde la perspectiva del análisis de opción pública (public choice), que estudia la política sin atribuir a los políticos virtudes o intereses distintos de los que tienen personas que participan en cualquier otra actividad. Conduce a preguntar qué incentivos tenían los diputados para votar a favor y quién se beneficia. El beneficio inmediato es fácil de identificar; los propietarios de viviendas dejarán de pagar IUSI, un impuesto antipático y oneroso. Es un beneficio visible y sencillo de entender; el Congreso queda bien visto.







