0:000:00El audio de esta noticia está generado mediante Inteligencia ArtificialEl viaje es en pleno invierno y Cracovia nos recibe con un frío glacial. El desplazamiento a Auschwitz lo hacemos en silencio, como si el peso del campo de exterminio se hiciese notar antes de llegar a él. Nos recibe el director Piotr Cywinski, director de la Fundación Auschwitz-Birkenau, que nos acompañará durante la visita.Encogidos mental y físicamente. Ese es el estado de ánimo que nos describe desde que hemos cruzado el umbral del campo. Preside el acceso el Arbeit Macht Frei (el trabajo os hará libres) que corona la puerta de entrada. Impresiona levantar la vista y leerlo. La frase que da la bienvenida al mayor cementerio europeo es el ejercicio más radical de cinismo de la historia.No hay otros visitantes y la explanada es gigantesca. Nuestro anfitrión ha dispuesto un buggy para que podamos recorrerla cómodamente. El frío se hace notar, aun yendo bien pertrechados con ropa de abrigo. Como todo se mide a través de uno mismo, nos comparamos. ¿Cómo sobrevivían los prisioneros mal vestidos y peor alimentados con estas temperaturas trabajando como esclavos si nosotros ya estamos tiritando? La respuesta es historia: los que no eran gaseados al llegar, subsistían una media de apenas tres meses.Antes de irTrilogía de Auschwitz, Primo LeviLa bibliografía es amplísima y desigual, con toneladas de libros que son desde el punto de vista histórico una literal estafa. La Trilogía de Auschwitz, de Primo Levi sigue siendo lo mejor que puede leerse para intentar entender lo inentendible. Maus, la novela gráfica de Art Spiegelman, también merece un lugar destacado en cualquier biblioteca particular. En formato audiovisual, Shoah, de Claude Lanzmann.En el pabellón cinco del campo principal nos sobrecogen los millares de zapatos amontonados detrás de una vitrina. Una metáfora del exterminio industrial y preciso de personas que aquí se practicó. Visitamos el crematorio, situado justo al lado del perímetro del campo principal, los hornos y la cámara de gas adyacente. El mundo se nos cae encima. Cara a cara frente al gran demonio europeo. Sin un antijudaísmo transversal y presente en casi todas las naciones esto no hubiera sido posible.Visitamos Kanada, la zona del campo donde se clasificaban los objetos personales requisados y que servía también de área de almacenamiento. Para un prisionero era un destino envidiable, pues le daba acceso a ropa de abrigo, zapatos en buen estado y comida oculta en las maletas confiscadas. En contraste, su vida transcurría oliendo el humo de los crematorios y escuchando los gritos de los convoyes que caminaban hacia las cámaras de gas contiguas. Barracones, letrinas, zonas de triaje, muros de fusilamiento. Todo, absolutamente todo, remite al horror más intenso. En nuestra cabeza asoman inevitablemente las imágenes de los musulmanes, que en el lenguaje de los campos eran los internos despojados ya de cualquier esperanza. Piel y huesos, muertos en vida.Lee tambiénUn mínimo y vengativo consuelo ante la horca en la que fue colgado Rudolf Höss, responsable principal del campo de exterminio. El cadalso está ubicado al lado del que fuera el antiguo crematorio del campo, cerca de la residencia en la que vivió plácidamente con su familia durante la guerra. Discutiremos días después con grandes teorías sobre esa pena de muerte impuesta por un tribunal polaco.Acabada la visita, Auschwitz I, antigua caserna, y Auschwitz II-Birkenau, campo de exterminio, incluyendo la zona de mueres, nos retiramos al despacho de Piotr Cywinski. Nos explica las tensiones políticas a las que debe hacer frente, puesto que la memoria siempre es un terreno en disputa. También porqué Auschivitz no puede dejar de ser un inmenso cementerio de la memoria que exige, por respeto a los muertos, silencio y no dejarse tentar por la explotación económica del campo, que acabaría atrayendo turistas como cualquier parque temático.El regreso a Cracovia es también silencioso e introspectivo. La digestión de la visita es lenta y pesada. El reflujo de un exterminio es tan amargo como inevitable. Ojalá pudiésemos ahorrarnos la lección. Pero la historia no deja elección. Esta hay que repasarla permanentemente para mantenernos a salvo del abismo que siempre nos ronda.
Cara a cara con el gran demonio europeo
Congela el alma. Auschwitz lo acompaña a uno mucho tiempo después de visitarlo. El mal absoluto queda atrapado en la retina. Es una visita exigente y agotadora mentalmente que cala en lo más profundo de la conciencia







