OpiniónDesaparición de Mengele’, ‘Zona de interés’ y ‘Lista de Schindler’.PERIODISTA CULTURAL Y CRÍTICO DE CINE09.08.2026 22:01 Actualizado: 09.08.2026 22:01 El tristemente célebre doctor Josef Mengele, verdugo nazi escondido en Sudamérica durante 30 años, origina un thriller de posguerra nazi. La vida sosegada del grupo familiar de un comandante genocida, en el jardín trasero del infierno, escenifica contrastes absurdos o desalmados. Una pieza maestra de Spielberg, tan cerca pero tan lejos de Auschwitz, recapacita en torno al salvamento de vulnerables víctimas judías.La desaparición de Josef Mengele (Kirill Serebrennikov, 2025). El doctor Mengele, médico patólogo y científico forense alemán, experto en genética racial y experimentador sádico, condujo a miles de víctimas enfermas o endebles hacia las cámaras de gas en campos de concentración y trabajos forzados –oficial paramilitar y criminal de guerra, fue apodado ‘ángel de la muerte’ y ‘torturador de Auschwitz’–.Aunque su estructura narrativa sea intrincada, con saltos en el tiempo y fluctuantes locaciones, la factura visual en blanco y negro cubre desde 1949 al 79, del territorio bávaro de la posguerra para desplazarse a tres naciones suramericanas –primero Argentina, después Brasil y Paraguay o viceversa–.Herr Josef desembarcó con documentos falsos en el puerto de Buenos Aires, siendo Herr Gregor apoyado por redes del extinto III Reich –permaneció prófugo durante diez años, dedicado a negocios de carpintería y técnico-mecánicos–. Se hizo pasar por campesino y propietario de fundos pamperos y paraguayos, hasta instalarse en territorio brasileño amparado por coroneles y simpatizantes fascistas.En esta impresionante película biográfica se narra, en dominante b./n., los vaivenes de tan despiadado personaje fugitivo, quien a su vez evadió la incesante persecución de los servicios secretos israelíes (la Mossad) y adoptó seudónimos como aquel respetable de don Pedro. Del libro escrito ocho años atrás, por el periodista francés Olivier Guez, fue personificado en sus varias identidades por el camaleónico actor alemán August Diehl.“Cuéntame la verdad, papá”, ¿qué fuiste a hacer en Auschwitz? –su hijo Rolf, quien viajase secretamente a conocer al progenitor sin remordimientos y pidió perdón a la comunidad judía al haber sido engendrado por semejante monstruo–. Se revelan a color archivos documentales de pavorosas torturas, mutilaciones, esqueletos deformados y cráneos con fisuras. Por cuanto el racista y cruel galeno se obsesionaba en escudriñar genes de gemelos, razas que la ‘solución final’ consideraba despreciables, cirugías sin anestesia e incluso morfologías de neonatos vivos.Zona de interés (Jonathan Glazer, 2023). Plácida vida familiar del comandante de Auschwitz en una contigua casa-jardín: detrás de la pared electrificada se asoman tres siniestras edificaciones de ventanas cerradas; también, se perciben gritos caóticos distantes de órdenes y lamentos, con ruidos aterradores como telón de fondo. Un ‘holocausto elíptico’, porque los horrores incalificables de tan penoso genocidio “se sugieren, pero nunca se muestran”, aunque la imaginación de espectadores curtidos se traslade hacia imágenes de maltratos, agonías y condiciones famélicas.Un desfile sobrecogedor de planos fijos, por cuanto las ‘vidas perfectas’ de sus fríos e insensibles ocupantes respiran vergüenza y culpabilidad en las narices mismas del exterminio, que pretende ignorar el horror latente o no manifiesto del etnocidio. Si el Holocausto (Shoah, en hebreo) ha sido documentado por innumerables testimonios e investigaciones forenses, la contrastada y artificiosa residencia del máximo verdugo causa estupor.La lista de Schindler (Steven Spielberg, 1993). Capítulos conmovedores y magistrales en escenarios fidedignos de guerra, que configuran las situaciones patéticas del gueto de Cracovia y una falsa fachada de esmaltados militares a cargo del industrial nazi Oskar Schindler, más trabajos forzados y sombras funestas en Auschwitz. Su contexto dramático parte de un personaje noble y sensible –personificado íntimamente por el actor irlandés Liam Neeson--, quien supo resolver sus contradicciones morales y afrontar la cruel política de una ‘solución final’.Retrato estremecedor de actos de heroísmo en impresionantes locaciones que acceden a un recuento testimonial pocas veces visto: gueto judío polaco y checo de Cracovia, campo de trabajos forzados en Plaszow (Polonia) y antiguos hangares militares del ejército polonés en la más gigantesca ‘fábrica de muerte’ conocida por la humanidad-. Si las excelencias luminosas del b./n. se traducen en siluetas contrastadas y claroscuros para connotar los horrores de un pasado inextinguible, el color tenue se centra en las llamas conmemorativas del reencuentro documental de algunos sobrevivientes ante la tumba de Schindler.Punto aparte: visité Auschwitz, a 65 kms. de Cracovia, no siendo prisionero sino turista, el día que cumplí 30 años mientras cubría, después de Cannes, un festival de documentales y animación. El día anterior le comenté a mi amigo Rodolfo Izaguirre –director de la Cinemateca Nacional de Venezuela–, el plan de ir en tren y enseguida me comentó: “nadie regresa al ‘museo del horror’, pero haré una excepción y te acompaño”.* * * * Sigue toda la información de Opinión en Facebook y Twitter, o en nuestra newsletter semanal. BOLETINES EL TIEMPORegístrate en nuestros boletines y recibe noticias en tu correo según tus intereses. 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