Cazar a Mengele
En su día leí la novela Odessa (1972), de Frederick Forsyth, y vi la película Los niños del Brasil (1978), con Gregory Peck como Josef Mengele: recuerdo su reivindicación final de las bondades de la eugenesia en bien de la salud y la estética. La siniestra figura de Mengele me causa espanto, espejo del choque entre lo humano y la utopía y de cómo una idea lo justifica todo, de la deshumanizacion al genocidio, de tortura en tortura, crimen en crimen. Es la conclusión que comparte la periodista brasileña Betina Anton en su libro Tras la pista de Mengele (Plataforma) –en catalán, Caçar Mengele (Manifest), una crónica de su investigación subtitulada Cómo una red nazi dio refugio al Ángel de la Muerte en Brasil , un intenso relato que parte de lo personal para desembocar en lo universal.¿Vio usted a Josef Mengele?
Oí hablar de Mengele a mis seis años. Es el tiempo que hacía que el monstruo había muerto. Pero nadie lo sabía.
¿Y a quién oyó hablar de Mengele?
A todos en mi colegio alemán y en mi barrio al sur de São Paulo, Santo Amaro, un “islote” germánico. Todo a causa de Liselotte.






