Bajad las armasLos visitantes suelen enmudecer en varios puntos del recorrido. Uno es la vitrina de las cabelleras rapadas de las prisioneras. Otro punto cr�tico es la galer�a de retratos: los prisioneros te miran desecadosZapatos de prisioneros del campo de exterminio de Auschwitz.Actualizado Viernes,

junio

23:47Lo primero que llama la atenci�n de Auschwitz-Birkenau es el orden. La llanura rasa, el cielo bajo, la rectitud de las alambradas, la perfecta geometr�a de los barracones. Hasta ese momento el terror hab�a sido producto del caos. La org�a revolucionaria, el fuego arrasador, el torbellino de la artiller�a, la carne trinchada por las bayonetas, los terrones destripados por las bombas. Pero Rudolf H�ss, el comandante que dise�� Auschwitz, detestaba las detonaciones, las salpicaduras, los gritos. Era lo que se conoce como un buen vecino que seguramente se recitaba a s� mismo la malinterpretada sentencia de Goethe: �La injusticia es preferible al desorden�. En busca del orden perdido se afili� pronto al partido nazi y abraz� sin remilgos la Soluci�n Final. El mando conoc�a su car�cter met�dico. Por eso le encomend� la creaci�n de un campo de exterminio regido por estrictos criterios de eficiencia. Despu�s de algunos experimentos se le ocurri� el gas: r�pido, limpio, eficaz. Garantizaba 2.000 cad�veres cada 15 minutos. El gas se evapora, pero en Auschwitz siguen oy�ndose hasta los gritos de las piedras 80 a�os despu�s.– El Holocausto fue posible por una rara combinaci�n de maldad y aptitud. Lo normal es que los criminales sean chapuceros o que los competentes no sean malvados –comenta Juan, que camina a mi lado junto a las v�as sobre las que circulaban los trenes de la muerte.La psicopat�a del perfeccionista diab�lico predominaba entre los jerarcas nazis. Tambi�n entre los funcionarios de su macabra cadena de montaje. Eso que Arendt llam� banalidad del mal. Pero la cuesti�n sigue vigente: �un H�ss nace o se hace? �Caminan entre nosotros cong�neres privados de esa empat�a elemental sobre la que se funda la conciencia, monstruos de apariencia humana que se prestar�an a la reedici�n de otro holocausto bajo las condiciones pol�ticas propicias? �O el n�mero de estos psic�patas natos es testimonial, y hay que atribuir m�s bien al arrastre gregario, a la radicalizaci�n ideol�gica y a la debilidad de car�cter propia de la especie la participaci�n en el genocidio de una nada desde�able proporci�n de ciudadanos alemanes que antes de Hitler pagaban sus impuestos y evitaban tirar las colillas al suelo?En N�remberg el propio H�ss se declar� responsable de la eliminaci�n de tres millones de seres humanos sin arrepentirse de nada. En sus memorias de entom�logo, escritas en la c�rcel a la espera de su ahorcamiento, anota sorprendido: "Los jud�os desarrollan fuertes v�nculos familiares". Se resisten a soltar la mano de sus ni�os, de sus esposas. Rasgos etnol�gicos que ralentizaban fastidiosamente el tr�mite de la selecci�n en el and�n. A un lado los pocos elegidos para la vida de esclavo; al otro, directos a la c�mara de gas, los inservibles: ni�os, ancianos, enfermos.Roberto, Albert, Juan y yo nos quedamos mirando cierta zona de inter�s: el chal� contiguo a la alambrada donde resid�a el comandante H�ss junto a su mujer y sus cinco hijos, a pocos metros del crematorio. �C�mo lograba la pituitaria del comandante aislarse del olor a carne quemada cuando inhalaba cada noche el bouquet del mejor vino del Rin? Uno de los hijos, que sigue vivo, afirma en un documental reciente que no se enteraba del trabajo de pap�. Que tuvo una infancia feliz en Auschwitz. Pero algunos supervivientes han descrito a los hijos de H�ss jugando al soldado y el prisionero. El juego terminaba cuando el mayor, despu�s de simular que pateaba al menor, le gritaba: ��Al crematorio!�. A veces la memoria necesita bloquear incluso los recuerdos de las infancias felices.Los visitantes suelen enmudecer en varios puntos del recorrido. Uno es la vitrina de las cabelleras rapadas de las prisioneras. Es una cordillera de pelo de 40.000 mujeres distintas de la que sobresale de pronto el mech�n brillante, con el lazo anudado todav�a, de una ni�a rubia. Otro punto cr�tico es la galer�a de retratos: los prisioneros te miran desecados, unificados en la misma expresi�n de vac�o. El campo les ha quitado ya todas las emociones, tambi�n el miedo.La gu�a nos cont� que hay dos tipos de supervivientes: los que no han querido volver jam�s y los que han vuelto cada a�o el d�a de la liberaci�n. Uno sale de all� decidido a cumplir el mandato de Charlotte Delbo, que sobrevivi� a 27 meses en los campos de la muerte: �Os lo suplico: haced algo, aprended un baile, algo que os justifique, que os d� derecho a ir vestidos con vuestra piel, aprended a caminar y a re�r, porque ser�a una estupidez que tantos hayan muerto y vosotros viv�is sin hacer nada con vuestra vida�.