0:000:00El audio de esta noticia está generado mediante Inteligencia ArtificialEl Gobierno, o sea, Pedro Sánchez, ha desempatado ya la guerra de versiones entre la ministra de defensa, Margarita Robles, y el titular de la cartera de justicia, Fernando Grande-Marlaska. Lo ha hecho en favor del segundo.La nota de prensa de la delegación del Gobierno en Ceuta negando taxativamente la versión dada por Margarita Robles en el Congreso, conforme el CNI había informado en tiempo y forma de lo que estaba a punto de pasar en la ciudad, es una colleja presidencial en toda regla a la ministra. No olvidemos que es Sánchez quien pone y quita delegados del Gobierno, así que no resulta creíble que la delegación haya actuado por cuenta propia. Además, también ha cerrado filas con Grande-Marlaska el desde anteayer mando único designado para Ceuta, el ministro de Política Territorial y Memoria Democrática, Ángel Víctor Torres. Más claro, el agua.El Gobierno señala ahora nuevamente a través de Margarita Robles al CNIAntes de la comparecencia de Pedro Sánchez, programada tarde y mal para el 3 de septiembre, quedan por escuchar en el Congreso desde hoy hasta el próximo lunes siete ministros más. Pero al margen de las cuestiones sectoriales que atañen a cada uno, va quedando claro que la versión oficial que han de tejer todos ellos como teloneros del presidente es que la imprevisión gubernamental no existió. Sencillamente porqué nadie alertó de nada ni podía preverse lo acontecido.La dosis de autocrítica que introdujo Margarita Robles en su comparecencia tampoco parece que vaya a ser compartida por el resto de sus compañeros. Lo que vamos a oír, con toda probabilidad, es que se ha hecho muy bien lo que podía ejecutarse con rapidez, y bien lo que requería más tiempo. Y de añadido, claro, el estribillo que sirve para rotos y descosidos: la culpa es de la derecha y la ultraderecha.Margarita RoblesDani DuchCon esta versión la inteligencia española queda de nuevo a los pies de los caballos. No es la primera vez que sucede esta legislatura. Pasó con el caso Pegasus, que se saldó políticamente con la destitución de la entonces directora del CNI, Paz Esteban, a pesar de que Moncloa estuviese al tanto y sacase ventaja de las informaciones conseguidas a través del acceso al móvil de los políticos catalanes espiados. El Gobierno señala ahora nuevamente a través de Margarita Robles a esta institución dependiente del Ministerio de Defensa.La ministra tiene siempre el comodín de la necesaria reserva y secretismo con el que trabaja obligadamente la inteligencia y que le impide contar a ella todo lo que sabe. Pero su comparecencia no fue, en términos políticos y de cara a sus intereses, muy acertada.Más allá del ejercicio de patriotismo sobre Ceuta y Melilla y las palabras pomposas sobre que todo el mundo hizo lo que debía y cumplió con su obligación, dijo que los servicios de inteligencia habían avisado telefónicamente al delegado del Gobierno en Ceuta de la situación anómala que se estaba produciendo con el incremento de nadadores con la intención de cruzar la frontera. Pero para eso no era necesario llamar a nadie, puesto que lo sabía ya hasta el tato. Bastaba leer periódicos y escuchar la radio los días previos a la invasión. De ser así, eso no es un servicio de inteligencia, es un servicio de resúmenes de prensa.Y dado que la avalancha quedó definida por el propio presidente como una “violación de la integridad territorial de España”, imposible sin la complicidad del reino de Marruecos, es de esperar que la inteligencia española, esos veinticinco efectivos del CNI que la ministra dijo tener en Ceuta, más los de Melilla, más los desplegados en Marruecos, así como sus fuentes, aportasen información, análisis e inteligencia que fuese más allá de lo que ya estaban contando los medios. Si se informó mejor y a través de canales más apropiados que esa llamada, a la ministra la están vendiendo. Pero si todo lo que se hizo es lo expresado por la ministra, deja mucho que desear y alguien debería asumir responsabilidades.Aunque lo cierto es que, con o sin informes previos, la historia de este desaguisado deja claro que imprevisión, cuando no dejadez gubernamental, la ha habido. Las decisiones de esta semana son un ejemplo, ya que se hubiesen podido tomar todas ellas con mucha más celeridad. Y no es que las vacaciones del presidente hayan sido sagradas, como dicen insistentemente las voces más maledicentes. Sucede simplemente que para actuar hay que saber qué se quiere hacer y cómo. Así que añadamos la improvisación a la factura.
La ministra de Defensa, a los pies de los caballos, por Josep Martí Blanch
El Gobierno, o sea, Pedro Sánchez, ha desempatado ya la guerra de versiones entre la ministra de defensa, Margarita Robles, y el titular de la cartera de justicia, Fernando Grande-Marlaska. Lo ha hecho en favor del segundo. La nota de prensa de la delegación del Gobierno en...













