0:000:00El audio de esta noticia está generado mediante Inteligencia ArtificialHoy se cumplen doce años de la muerte de Peret y es una buena excusa para escuchar (y bailar) sus canciones. También para recuperar El gran Peret, de rumba por la vida (Ed. Larousse, 2024), el libro que escribió Rogeli Herrero. Como miembro de Los Manolos, Herrero compartió con Peret momentos tan relevantes como la clausura de los Juegos Olímpicos de 1992. De hecho, su crónica de aquella noche (“Atletes, baixin de l’escenari!”, repetía, en catalán, Constantino Romero ante la marabunta que, saltándose el protocolo, había ocupado el escenario) es un documento memorable, de una energía enriquecida por el paso del tiempo y la nostalgia. Xavier CerveraEl libro sigue la cronología de la vida artística de Peret, con una impresionante diversidad de episodios y testimonios y en unos contextos que retratan la evolución del franquismo a la transición, de la transición a la democracia y de la democracia a todas las decepciones posteriores. En cualquier circunstancia –cine, festivales, auge o vulgarización de la rumba, expropiaciones culturales—, Peret nunca perdió la identidad, ni individual ni colectiva. Enterrado en Mataró, desde el ataúd ofició una multitudinaria capilla ardiente en el Saló de Cent del Ayuntamiento de Barcelona y se marchó de este mundo sin liturgia religiosa y acompañado de familiares y amigos que, cumpliendo su última voluntad, le cantaron E l muerto vivo .Doce años después de la muerte de Peret, todavía apetece recordarloEl libro también cuenta la etapa religiosa, que, después de una visión paranormal, alejó a Peret de los escenarios para dedicarse a la prédica (iglesia Filadelfia, muy seguida por las comunidades gitanas de Francia). Reconvertido en pastor, Peret se implica en el culto hasta las últimas consecuencias y desmiente a los que le auguran una fe oportunista y pasajera. Cárceles, hospitales, parroquias, cualquier escenario le sirve para hacer proselitismo sin, en las formas, dejar de hacer lo que siempre ha hecho: seducir. Su desacuerdo con el culto reproduce la rebeldía contra los abusos de la industria discográfica: desavenencias con los criterios de una élite que traiciona el sentido último de la fe.Resultado: Peret vuelve a la música y a todo lo que, a través del libro de Rogeli Herrero (y de los de Cèlia Sànchez-Mustich o Juan Puchades), apetece cantar, bailar y recordar.
Un muerto la mar de vivo, por Sergi Pàmies
Hoy se cumplen doce años de la muerte de Peret y es una buena excusa para escuchar (y bailar) sus canciones. También para recuperar El gran Peret, de rumba por la vida (Ed. Larousse, 2024), el libro que escribió Rogeli Herrero. Como miembro de Los Manolos, Herrero compartió con...











