Un repaso a los álbumes más relevantes de un músico insustituible que nos dejó el 10 de diciembre a los 63 años
El pasado 14 de diciembre ocurrió algo extraordinario: 50.000 personas pasaron a despedir las cenizas de Robe Iniesta en el Palacio de Congresos y Exposiciones de su ciudad, Plasencia, localidad con una población de unos 40.000 habitantes; la mayoría quiso plasmar por escrito sus sentimientos en las decenas de libros de condolencia...
s que se tuvieron que utilizar. Desde las 10 de la mañana y hasta las dos de la madrugada fueron pasando personas, muchos niños con sus padres, que esperaron hasta siete horas con un frío pelón metiéndose en sus huesos conforme el sol dejaba paso a la luna, esa a la que tanto cantó el artista extremeño. Apenas se vieron caras de famosos. Era gente de todas partes de España que sintió un arrebato de dolor cuando el 10 de diciembre se comunicó la muerte del músico a los 63 años.
El triunfo de Extremoduro, el grupo que Robe fundó a finales de los ochenta, se produjo sin que se enteran ni la gran industria musical ni las secciones de Cultura de los medios de comunicación. La calle fue la que se dio cuenta primero del talento de un hombre curtido en ambientes duros que supo fusionar con visceralidad los arrabales del rock con una poesía vehemente que el pueblo entendió y quedó conmovido. Ese mismo pueblo sabio fue el que asistió a despedirlo en Plasencia. Todo empezó y terminó de la misma forma para Robe Iniesta: entre el calor de los ciudadanos de a pie. Esos aficionados han sido los que esta Navidad han comprado (o recomprado) sus discos. Tanto la discográfica de Extremoduro como la de Robe informan de que están despachado masivamente sus álbumes en vinilo y compacto. En digital, La vereda de la puerta de atrás, El poder del arte o So Payaso han escalado a los primeros puestos de escuchas.






