0:000:00El audio de esta noticia está generado mediante Inteligencia ArtificialHe pasado el verano enviándole a una amiga titulares reales sacados de las noticias que a ratos parecen versos de un haiku demente y a veces recados del Apocalipsis. Uno decía: “54 noches tórridas en Barcelona”. Venía de un vídeo corto del 3Cat fechado a mediados de mes (supongo que ahora el número de noches insufribles ha subido) y las dos vimos claro que el eslogan daría para una serie o para un éxito en la cartelera catalana con actores famosillos. Se guioniza solo: cuatro adultos desnortados tienen que pasar el verano en la ciudad y sus vidas se entrecruzan a lo largo de, ya saben, 54 noches tórridas en Barcelona. Rafa Alcaide / EfeEl último titular de ese género que le pasé por DM decía “100 palomas muertas en el Serrallo”. Lo creó para redes el diario La Ciutat de Tarragona después de las tormentas del pasado lunes que dejaron, efectivamente, esa escena de terror en el barrio de pescadores de la ciudad. Cien palomas arrasadas por las lluvias torrenciales. Con mucho menos se han hecho películas de terror, y bien lo sabía el autor del vídeo, que le puso de fondo un sintetizador inquietante como de slasher de los ochenta.Ya no hablamos del bochorno sino de las desgracias que vendránDecir que vivimos en tiempos catastróficos es ya no decir nada, solo constatar una realidad tangible. Como todo el mundo, he sostenido unas 578 conversaciones sobre el calor en los últimos tres meses y he asistido sin participar en unas 1.456 más. También he introducido en mi vocabulario algunas de esas expresiones fabulosas que nos está dando la meteorología. Episodio sofocante. Cúpula cálida.En los últimos días están virando esas charlas. Noto que ya no hablamos del bochorno que hemos pasado –una hipótesis es que queremos olvidarlo. La otra es aún peor: nos hemos acostumbrado– sino de las desgracias que vendrán: el otoño que nos espera, las lluvias dramáticas que llegarán como consecuencia de las temperaturas que ha alcanzado el mar. Tengo la sensación de que nos hemos convertido todos en criaturas medievales, mecidas por las mareas y con mucho miedo del sol y de las nubes. La gran diferencia que nos separa de nuestros antepasados es que tenemos palabras distintas y que ya no sabemos hacer muchas cosas con las manos. Solo enviar DM.
Cien palomas muertas, por Begoña Gómez Urzaiz
He pasado el verano enviándole a una amiga titulares reales sacados de las noticias que a ratos parecen versos de un haiku demente y a veces recados del Apocalipsis. Uno decía: “54 noches tórridas en Barcelona”. Venía de un vídeo corto del 3Cat fechado a mediados de mes (supongo...







