0:000:00El audio de esta noticia está generado mediante Inteligencia Artificial“¿Y ahora de qué hablaremos?”. Pues tenía razón este querido anónimo la semana pasada. El posteclipse ha dejado un hondo vacío ontológico en la granja digital, apenas cubierto con las habituales dosis de odio que nos sirven los manolos y josepmaries de siempre. Hoy, una caza furibunda a una residencia de escritores por el pecado de ser “woke” y recibir subvenciones; mañana, un intento mezquino y avergonzante de quitar hierro al vil asesinato de Lorca, del que este martes se cumplieron noventa años. Y así echamos este agosto que, francamente, está costando de tragar. “Ya está lo bastante adelantado como para poder decir que este ha sido, y es, el peor verano de mi vida”. Quizá no el peor, @MarcErra3, quizá no el peor, pero se comprende el sentimiento.Fabiana Sevillano, una de las 'influencers' que ha llamado más la atención al intervenir en el debate sobre su posible caídaTikTokCon todo, entre tanto scroll tedioso, siempre se aprende algo. Otra cosa es que ese algo sirva de algo y no sospeches que has vuelto a desperdiciar tiempo y neuronas que nunca volverán. Pero es algo. Aprendes, por ejemplo, a farmear aura. [Unos segundos para la reflexión]. ¡Sí, sí, a farmear aura! ¿No se han enterado? Es una expresión viral, que nos llega directamente del cono sur –hay que empezar a estudiar en serio la influencia del español latino por la vía digital–, y que significaría algo así como desprender autoridad o carisma. O sea, molar. Para más datos, el contexto del que sale todo esto son los videojuegos y las batallas de gallos de los raperos, ambas aficiones muy populares entre la chavalería actual y con altas dosis de competitividad individualista. En fin: habrá que ponerse al día.O puedes aprender a funar influencers. Es decir, a cancelar a influencers. O sea, a boicotearlos. A dejar de seguirlos, vaya. Porque esta ha sido la campaña estrella de la semana. A raíz de un vídeo de uno de ellos mezclando eclipses y crisis de Ceuta sin rubor –ni criterio–, las redes han comenzado a decretar el fin de la era de estos comunicadores del siglo XXI, cuestionando incluso, oh cielos, su aportación a la sociedad. Como cuando cayó Constantinopla. En X siempre se aprende algo: otra cosa es que ese algo sea útil y no sospeches que has vuelto a desperdiciar tiempo y neuronasSe les reprocha, ahora, tener pocas luces y cobrar pastizales de las marcas solo por probarse un nuevo modelito o exhibir cualquier trivialidad de su vida. “Les vendría genial trabajar de 8 a 10 horas diarias para que se les quitara la tontería”, comentaba una usuaria. Y el debate se ha abierto, siendo los propios influencers los que lo han alimentado más que nunca. ¡Vaya por Dios! Como decía uno de los muchos escépticos que corrían estos días por la red: “En una semana máximo, habrá un efecto rebote. La gente querrá ver la reacción de los influencers y, por ende, tendrán aún más visitas”. Ya debe estar pasando.Pero parece que tampoco los medios “de toda la vida” farmeamos demasiada aura. Dos titulares encienden al personal. El primero menciona el breve sentir madrileño de los terremotos de Granada, en un ejemplo canónico de centralismo mesetario. “¿Estáis bien en Madrid?”, se preguntaban, irónicos, los pobres granaínos entre temblores. El otro titular, el enésimo que disfraza de tendencia o moda juvenil el encarecimiento de la vida. Según rezaba la información, los “estudios” demuestran que cada vez más españoles “optan” por quedarse en sus ciudades durante las vacaciones. El enfado, claro, ha sido mayúsculo y, ciertamente, ahora que el imperio influencer podría caer, quizás todos debamos esforzarnos un poco más. Aunque sea agosto.Lee tambiénPero tampoco nos flagelemos: en X la cuestión siempre es cancelar y odiarlo todo, ya sean influencers, comunicadores, periodistas o alfareros. O, mejor dicho, funar.Licenciado en Periodismo y Humanidades, en La Vanguardia desde 2008. Actualmente es redactor del suplemento Cultura/s. Antes pasó por la sección de Última Hora.
¿Farmeas aura o funas influencers?, por Jaume Pi C. de Sobregrau
“¿Y ahora de qué hablaremos?”. Pues tenía razón este querido anónimo la semana pasada. El posteclipse ha dejado un hondo vacío ontológico en la granja digital, apenas cubierto con las habituales dosis de odio que nos sirven los manolos y josepmaries de siempre. Hoy, una...







