0:000:00El audio de esta noticia está generado mediante Inteligencia ArtificialLes decía ayer que el fervor del abuelo se parece al encantamiento de los primeros amores. Si les hablé de mi nieto mayor, hoy me atrevo a hablar de Pau, de siete años, miembro de la generación de la covid, marcada por los confinamientos. Pasó unos largos meses aprendiendo a distraerse solo (su padre podía salir a trabajar, su madre teletrabajaba y su hermano no tenía edad de hacer de canguro). La herencia que le ha dejado la covid es el gusto por el aislamiento. En medio del bullicio familiar, es habitual verlo en un sofá, rodeado de libros ilustrados. LV¿Qué relación tienen los romanos, Napoleón y el Barça? La victoria. Siempre que explico un episodio mitológico o histórico, la pregunta que hace Pau es la misma: “¿Quién ganó?”. Le gustan las victorias; por eso, aunque descubrió el fútbol en el año milagroso del Girona, se pasó al Barça cuando el equipo de su ciudad empezó a bajar por el tobogán. A veces la pregunta es más precisa. Si estamos hablando de los romanos, él me interroga: “¿Quién ha sido el más cruel de la historia?”. La respuesta no puede ser otra: el nazismo y los campos de concentración. Entonces, calla y escucha, pensativo.El abuelo está de vuelta, ya no tiene banderas personales que defenderPau estudia el álbum de cromos de la Liga con precisión de erudito. ¡Se sabe incluso los suplentes de Alavés y Osasuna! “¿Quién ha sido para ti el mejor jugador, abuelo?”. Le hablo de mis preferidos: Marcial, Cruyff, Sadurní, pero también de la frase que decían los adolescentes cuando yo era niño: “¡Silencio en la sala, que pasa Kubala!”. La frase gusta a ambos hermanos, que la repiten hasta cansarse. Y entonces Pau dice: “¿De dónde era Kubala?”. Y de nuevo a las andadas: Segunda Guerra Mundial, telón de acero y la llegada de los futbolistas magiares: Puskás, Kocsis, Czibor, Kubala.Ya lo ven, ¡estamos siempre distraídos! A diferencia de los padres, generalmente obsesionados por la profesión y por neuras que solo cuando sean viejos descubrirán que no valían el tiempo en ellas malgastado, el abuelo está de vuelta y ya no tiene banderas personales que defender. Por eso se desvive por esas personitas que crecen a su alrededor y se vuelca en ellas con todas sus fuerzas. Tal vez sean fuerzas menguantes, pero de un entusiasmo sin límites.