Life of M, la nueva novela de Rachel Cusk, no dice que su protagonista sea Natalie Portman. No ha hecho falta. Unas cuantas coincidencias han bastado para que lectores y prensa reconozcan a la actriz detrás de M y conviertan el libro en una suerte de roman à clef cuyo misterio parece demasiado fácil de resolver. El circo está servido. La pregunta es otra: ¿por qué estamos tan seguros de haberla reconocido?La novela se publicó este 25 de agosto y todavía no tiene fecha para su edición en español. Natalie Portman, en cambio, ya está por todas partes. Basta tomar un autobús por la calle de Alcalá para encontrarse su rostro en las paradas, anunciando un perfume. Podemos pensar en Black Swan, en aquella toronja partida por la mitad: “Look how pink. So pretty”. O en los Óscar de 2020, cuando habló sin usar su voz y apareció vestida de Dior con los apellidos de las directoras que no habían sido nominadas aquel año bordados en el borde de su capa. Una niña nacida bajo una estrella, convertida en una de las actrices más reconocibles de su generación.La escritora Rachel Cusk, autora de 'Life of M'Joar Vestergren / Album / AlamyCreemos conocer a Natalie PortmanShe’s a good sport, escribe Cusk sobre M en Project, el relato publicado en The New Yorker que precedió a Life of M. La narradora acaba de contarle que está pensando en escribir su autobiografía. “¿Te lo inventarías sin más?”, pregunta M. La posibilidad de escribir una vida y simplemente inventarla está planteada desde el principio.Más de treinta años de películas, entrevistas, campañas publicitarias y fotografías, en blanco y negro, en color, analógicas y digitales, han dejado una Natalie Portman pública, construida entre la propia actriz y quienes la hemos observado. En Project, Cusk apunta una paradoja especialmente pertinente para alguien cuyo trabajo consiste en ser mirada: “No ser vista quizá equivalía a ser vista por todo el mundo”.Fotograma de la película 'Cisne negro' con Natalie PortmanOtras FuentesCusk escribe también que una película está siempre sucediendo: la grabación congela un instante y permite que vuelva a repetirse. M puede encontrarse dentro de sus películas una y otra vez, viviendo siempre los mismos momentos. Los espectadores hacemos algo parecido. Volvemos a esas imágenes, las recordamos y acabamos incorporándolas a nuestra idea de quien aparece en pantalla. La actriz continúa con su vida; su personaje, en cambio, permanece.Portman ha crecido delante de esa mirada. La hemos visto cambiar de personajes, edades y registros hasta componer con todos ellos una biografía que sentimos extrañamente familiar. Pero las semejanzas entre M y Portman no terminan en aquello que hemos visto en pantalla.Creo que existe una idea pública de mí distinta de quien soy”Natalie PortmanEn Project, después del estreno de su primera película, los compañeros de colegio de M empiezan a llamarla slut. Ella responde estudiando y trabajando: “Decidió ser inteligente, que era lo contrario de ser una puta”. De aquella experiencia extrae una conclusión precoz: “La realidad podía fabricarse”. Si los demás podían construir una versión de ella, M podía construir otra.Años antes, Portman había contado algo sorprendentemente parecido. En una conversación con Jenna Ortega para Interview Magazine, habló de la distancia entre ella y su imagen pública: “Creo que existe una idea pública de mí distinta de quien soy”. Había empezado a trabajar siendo niña y la sexualización que sufrió entonces la llevó a buscar una forma de protegerse: «”Soy muy seria. Soy muy estudiosa. Soy inteligente, y a ese tipo de chica no la atacas”.La estrategia funcionó. También sobrevivió a aquello de lo que debía protegerla. Portman admite en esa misma conversación que el público todavía imagina a una mujer seria y libresca bastante distinta de la persona “stupid and sill” que dice ser en privado.Natalie Portman en Cannes en 2025STEPHANE CARDINALE / GettyEl eco entre ambos relatos es difícil de ignorar, aunque no resuelva la identidad de M. Cusk tampoco tendría que haber entrado en la intimidad de Portman para encontrarse con esa historia: Portman ya la había contado públicamente. Una experiencia personal se convirtió en entrevista y pasó a formar parte del archivo con el que los demás construimos a “Natalie Portman”.“Ella no es lo que ellos dicen que es”, escribe Annie Ernaux en Memoria de chica al recordar a la joven que fue. Portman intentó intervenir precisamente en esa distancia entre una mujer y las palabras que otros utilizan para definirla. Si no podía controlar la mirada, podía al menos construir el personaje: seria, estudiosa, inteligente. La paradoja es que aquel personaje terminó escapando también de sus manos. Con los años se volvió tan reconocible que una novelista puede utilizar algunos de sus códigos y sus lectores descifrarlos inmediatamente.Tal vez no haga falta saber demasiado de alguien para creer que lo reconocemosLa literatura lleva siglos alimentándose de vidas ajenas; una celebridad contemporánea llega a la página después de haber sido observada, narrada y reproducida miles de veces. En Life of M, la narradora asegura a M que ni siquiera la ha buscado en Google, que no sabe nada sobre ella. Tal vez no haga falta saber demasiado de alguien para creer que lo reconocemos.Esta tarde, el rostro de Natalie Portman seguirá mirando desde una parada de autobús en la calle de Alcalá. Alguien esperará frente a ella el 21 y creerá saber perfectamente quién es.She’s a good sport.
Por qué todos creen reconocer a Natalie Portman en la última novela de Rachel Cusk
'Life of M' narra la historia de una actriz con tintes muy reales











