Rubén Rocha Moya volvió a gobernar Sinaloa durante el tiempo suficiente para descubrir que ya no podía gobernarlo. Regresó después de 112 días de licencia, reunió a su gabinete, ocupó nuevamente el despacho y, apenas unas horas más tarde, volvió a pedir permiso para irse. No fue una transición institucional. Fue una medición de fuerza y terminó en derrota.La escena recuerda a Ubú rey, la farsa de Alfred Jarry en la que el poder se vuelve grotesco porque quien lo ocupa lo confunde con una posesión personal. Rocha actuó como si la gobernatura fuera una silla reservada: podía levantarse durante meses y regresar cuando considerara despejado el camino. El problema fue que, mientras conservaba formalmente el cargo, había perdido algo más importante: la autoridad política y moral para ejercerlo.No es necesario especular demasiado sobre las razones de su regreso. Pudo buscar reivindicarse, recuperar el control de su sucesión, preservar el fuero constitucional o comprobar hasta dónde seguían siendo eficaces sus lealtades. Cualquiera que haya sido el cálculo, obtuvo una respuesta inequívoca. La presidenta Claudia Sheinbaum calificó su reincorporación como imprudente e inapropiada; Morena se deslindó y el gobernador volvió a solicitar licencia. Su restauración duró menos que la indignación que provocó.Las acusaciones formuladas en Estados Unidos contra Rocha son graves. Él las niega y ninguna sentencia ha determinado su responsabilidad. La presunción de inocencia impide condenarlo sin proceso, pero no obliga a un partido, a la presidenta o a una sociedad a fingir que nada ha ocurrido. La responsabilidad penal se decide ante tribunales; la viabilidad política se pierde mucho antes. El episodio reafirmó el poder de la presidenta Sheinbaum. No tengo evidencia de que le haya ordenado separarse, pero su rechazo bastó para que el regreso se volviera insostenible. Frente a un gobernador con una estructura política propia, la presidenta mostró que la última palabra dentro de su movimiento ya no pertenece a los viejos patriarcas.Eso importa. Durante demasiado tiempo, los gobernadores mexicanos se comportaron como soberanos locales, como si México fuera realmente una república plenamente federal. Administraron congresos, fiscalías, presupuestos y sucesiones como extensiones de su voluntad. La breve reincorporación de Rocha pareció un intento de ejercer todavía ese poder. La segunda licencia demostró que su autonomía tenía un límite y que ese límite estaba en Palacio Nacional.Pero la autoridad presidencial no debe confundirse con una solución para Sinaloa.Haber frustrado una restauración políticamente absurda ordena momentáneamente a Morena; no necesariamente ordena al estado: la violencia continúa, la economía local resiente el miedo y las instituciones siguen atrapadas entre las disputas criminales y los cálculos políticos. Sacar nuevamente a Rocha del despacho era necesario. Pero todos sabemos que con eso no basta.Además, mientras la presidenta contiene el caso Rocha, aparecen nuevos problemas y escándalos alrededor de integrantes de su propio partido. Cada episodio puede tener hechos, responsabilidades y explicaciones distintas; ninguno debe juzgarse por asociación ni resolverse sin pruebas. Pero, acumulados, dejan de ser crisis individuales y comienzan a convertirse en un problema para toda la Cuarta Transformación. Y cuando la protección de cada personaje comienza a comprometer al proyecto entero, la lealtad deja de ser una virtud y se convierte en un costo político. En los juegos de poder, el sacrificio de piezas no es una anomalía, sino una constante. A veces se entrega una posición para proteger el conjunto; otras, el empeño en salvar a todos termina dejando expuesto el tablero completo. Hasta ahora, la Presidenta ha considerado que ese sacrificio le podría traer más problemas que beneficios. Pero el regreso fallido de Rocha demostró que esa etapa puede estar terminando. La pregunta ya no es solamente qué ocurrirá con un gobernador, sino cuántas piezas puede seguir protegiendo Morena antes de poner en riesgo el tablero. En política, los sacrificios son inevitables. Lo decisivo es hacerlos antes de que sea el adversario quien elija la pieza.Únete a nuestro canal ¡EL UNIVERSAL ya está en Whatsapp!, desde tu dispositivo móvil entérate de las noticias más relevantes del día, artículos de opinión, entretenimiento, tendencias y más.